KING CRIMSON

La original (1969 - 1970): Robert Fripp: guitarra y mellotron / Greg Lake: bajo y voz / Ian McDonald: mellotron / Michael Giles: batería.
La actual / última (2000 - 2003): Robert Fripp: guitarras y mellotron / Adrian Belew: guitarra y voz / Pat Mastelotto: batería / Trey Gunn: bajo
Otros: Mel Collins: saxofón (1970 - 1971) / Gordon Haskell: voz (1970) / Keith Tippet: piano (1970) / Andy McCullough: batería (1970) / Boz Burell: voz (1970 - 1971) / Ian Wallace: batería (1970 - 1971) / Bill Bruford: batería (1972 - 1995) / John Wetton: bajo y voz (1972 - 1974) / David Cross: violín (1972 - 1974) / Tony Levin: bajo (1981 - 1995)
ÍNDICE |
TEMAS SOBRESALIENTES |
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1969 - In The Court Of The Crimson King 1970 - In The Wake Of Poseidon 1970 - Lizard 1971 - Islands 1965 - Earthbound (live) 1973 - Larks' Tongues In Aspic 1974 - Starless And Bible Black 1974 - Red 1975 - USA (live) 1981 - Discipline 1982 - Beat 1984 - Three Of A Perfect Pair 1995 - Thrak 1995 - B'Boom (live) 1996 - Thrakattack (live) 1998 - The Night Watch (live) 1998 - Absent Lovers (live) 1999 - Cirkus (live) 2000 - The ConstruKction Of Light 2001 - Vrooom Vrooom (live) 2002 - Ladies Of The Road (live) 2002 - Happy With What To Have To Be Happy With 2003 - The Power To Believe |
21st Century Schizoid Man (In The Court Of Crimson King) Epitaph (In The Court Of Crimson King) Pictures Of A City (In The Wake Of Poseidon) Cat's Food (In The Wake Of Poseidon) Larks' Tongues In Aspic Part 2 (Larks' Tongues In Aspic) Easy Money (Lark's Tongues In Aspic) The Great Deciever (Starless And Bible Black) The Night Watch (Starless And Bible Black) Red (Red) Starless (Red) Frame By Frame (Discipline) Matte Kudasai (Discipline) The Sheltering Sky (Discipline) Heartbeat (Beat) Three Of A Perfect Pair (Three Of A Perfect Pair) Sleepless (Three Of A Perfect Pair) Vrooom (Thrak) Walking On Air (Thrak) Eyes Wide Open (The Power To Believe) Dangerous Curves (The Power To Believe) |
King Crimson no es
exactamente una banda de rock. Es una institución. Diríase también una
escuela de pensamiento musical. A lo largo de sus treinta años de existencia,
el Rey Carmesí no ha sido tan solo una banda más del rock progresivo, sino que
ha logrado crear y sostener un paradigma musical extraordinario y único, una
filosofía íntegra y distintiva en el modo de utilizar los instrumentos y
componer piezas que ningún otro grupo soñaría jamás con imitar. Podría
decirse que King Crimson ha inventado un género propio, que si bien ha servido
de influencia para incontables bandas modernas, jamás ha trascendido las
fronteras de la banda, perdón, de la institución.
El ideólogo principal de
esta institución se llama Robert Fripp, sin lugar a dudas uno de los
guitarristas más virtuosos y orginales que me ha tocado escuchar. Olviden los
devaneos pseudofilosóficos que hay que tragarse cuando da entrevistas (quizá
no sean devaneos pseudofilosóficos, pero hasta ahora no entendí ni jota de lo
que trata de explicar); cuando este tipo tiene una guitarra en la mano sí que
puede ser un verdadero filósofo. Un filósofo de la música, capaz de alcanzar
con sus exploraciones aquellas regiones oscuras, aquellas zonas extremas, y
hasta peligrosas, que el rock revela solo a ciertos iluminados. La música de
King Crimson nunca fue particularmente “emocionante” (aunque escuchar Walking
On Air o Fallen Angel de alguna manera me hacen dudar); es más bien
una música científica y cesuda, con la ambición de explorar los vericuetos
musicales más intrincados hasta las últimas consecuencias. El oyente se sentirá
excitado cerebralmente, anonadado frente a la desafiante música del Rey.
Robert Fripp, por si no lo
conocen, es el anti-rock por excelencia. Lo último que uno se imaginaría de un
guitarrista de rock. Toca la guitarra sentado, lejos de las luces, con sus
lentes y su barbita, sin traspirar, sin hacer morisquetas demagógicas ni
acrobacias decorativas en escena. Todo lo que hace está en sus dedos. Allí sí
que se saca y se saca mal. Mientras él es un bloque de hielo alejado de las
luces sus dedos poseídos son puro fuego. Un personaje raro, atípico y
extraordinario.
Fripp fue el único miembro estable de la banda. Alrededor de él y sus doctrinas musicales es que se gestó el proyecto, gracias a distintos músicos que iban ingresando y egresando del padrinazgo de Bobby. Voy anunciando que NI A PALOS haré una descripción detallada de la formación de King Crimson como suelo hacer la de otras bandas, ya que en total han pasado por Crimson DIECISIETE MUSICOS además de Fripp. Entre las menciones honoríficas cabe destacar a los miembros fundadores, el bajista Greg Lake, quien mas tarde formaría parte de ELP y el tecladista Ian McDonald. En la segunda o tercera encarnación (la historia es muy confusa) King Crimson tuvo en sus filas a uno de los mejores bateristas de todos los tiempos: Bill Bruford, quien provenía de Yes y que se convertiría en el miembro más estable del grupo después de Fripp, llegando a participar de siete álbumes de estudio. A partir de la década del 80 King Crimson contó con Adrian Belew, quien actualmente sigue en las filas, y el genial bajista Tony Levin.
En esencia, King Crimson
forma parte de la corriente del rock progresivo. Diría casi sin dudar que se
trata de mi banda favorita del rock progresivo, relegando a sus contendientes más
obvios como Yes y Genesis. ¿Por qué? Por varias razones. Primera razón: King
Crimson fue el absoluto pionero del género, cuando en 1969 publicó el primer
gran álbum de rock sinfónico, mientras Yes y Genesis aún se debatían con
cierto pop indefinido y sin identidad. Pero no solo eso, sino que el tratamiento de
King Crimson de lo sínfonico me resulta un tanto más atractivo que el
tratamiento de Genesis o Yes, con muchos elementos líricos pero también con
mucha experimentación y, sobre todo, jazz. Me encanta el jazz bien mezclado con
el rock. Segunda razón: mientras que Génesis y Yes fueron bandas muy
originales con un estilo muy propio jamás llegaron a definir un género tan
particular y tan arriesgado como el de King Crimson, llegando incluso a venderse
al pop más comercial y vulgar cuando la década de los 80 los tomó cansados y
vencidos. Ok, está claro que King Crimson jamás logró un álbum tan grandioso
como Selling England By The Pound pero mientras que Genesis solo fue
interesante hasta The Lamb Lies Down On Broadway o, en todo caso hasta A
Trick Of The Tail, Fripp y compañía siempre se las ingenió para
reinventarse constantemente y mantener la vena experimental sin caer en lo previsible y horrendamente comercial. Fripp se volaba los cesos antes que eso.
Por más flaco y mediocre que pueda sonar un álbum de King Crimson, esté nunca
será vulgar, aburrido o genérico; siempre habrá ese algo especial que lo
levantará del común de la música.
Es que King Crimson fue un
grupo sumamente creativo. Quizá no tan creativo como generalmente se lo pinta,
pero la cantidad de innovaciones que esta sociedad de músicos tiene en su haber es
ciertamente pasmosa. La mejor forma de definir la música de Fripp y compañía
es como una especie de ensayo académico y científico sobre el arte musical;
así como Bach en su época, King Crimson de alguna manera hace de la música
una ciencia además de un arte. De entrada nomás, fueron los pioneros absolutos del rock sinfónico más
tradicional con In The Court Of Crimson King, plagado de ampulosas masas
de mellotron, guitarras acústicas y flautas pastorales. Genesis y Yes prácticamente
nacieron y mamaron de ese álbum. Se dedicaron a todo tipo de extravancias de jazz
avant-garde y música clásica en los siguientes tres LP’s. Para Lark’s
Tongues In Aspic dieron vuelta como a una media el rock progresivo, con un
estilo riffero, distorsionado, oscuro, de un cálculo casi matemático, que no se había oído nunca antes,
llevando todo a la perfección en 1975 con Red, demostrando al mundo que
también podía rockear como ningún grupo de hard-rock ha rockeado jamás, sin
perder el aura "academicista" de su música y al mismo tiempo,
dándose el lujo de conmover como los verdaderos poetas.
Cuando parecía que todo estaba dicho reflotaron en los 80, convulsionando esa década
signada por la mediocridad y la decadencia con una versión new-wave de su osado
estilo, que agregaba novedades fenomenales como el duo de guitarras con
polirritmia, en el cual dos guitarras (Fripp y Belew) tocan melodías
complicadas que en determinado momento suenan desfasadas y al siguiente segundo
empiezan a acoplarse hasta sonar al únisono por un tiempo (El efecto vuela los
sesos) También está la percusión étnica de Bruford y un nuevo sonido
“industrial”. Sí, a partir de ese paso fundamental que fue Discipline puede
decirse que King Crimson agotó sus innovaciones y se dedicó a reformular los
viejos conceptos una y otra vez.
Y es aquí donde se agota la idea de que King Crimson “siempre progresa”. Yo más bien tengo la idea de que en realidad la banda progresa en bloques: se encuentra un estilo nuevo, se lo explora durante tres o cuatro álbumes sin mayor variante y después se busca otro camino. En los 70 basicamente hicieron avant-garde y hard rock. En los 80 incorporaron con asombrosa efectividad elementos de pop (llegando a publicar hermosos temas dignos de la FM) y del ambient. En su última tríada de álbumes, (Thrak, The ConstruKction Of Light y The Power To Believe), han hecho un poco de trampa ya que el “nuevo estilo” es una mezcla de los paradigmas basales de Lark’s Tongues y Disicpline, lo cual ha determinado que si bien King Crimson sigue sonando abrasivo y desafiante, al mismo tiempo empieza a ser previsible y conservador. En los últimos diez años King Crimson se siente cómodo reformulando estos dos álbumes: en algunos casos el resultado es redundante y aburrido (The ConstruKction Of Light); en otros casos su innegable virtuosismo les basta para que las composiciones brillen por sí mismas aún dejando entrever influencia del pasado (The Power To Believe). Sea como sea, cualquier álbum de King Crimson que te compres, jamás va a sonar excesivamente barato, o excesivamente mediocre ya que los tipos tocan bien y son creativos en serio. Si te gustan las cosas creativas King Crimson es exactamente lo que estás buscando. Aunque muchas veces pareciera que los tipos navegan en esquemas muy limitados (siempre el riff disonante y veloz, siempre la polirritmia), al menos esos esquemas son completamente suyos y no se han oído jamás en ninguna otra parte. Es este el verdadero valor de King Crimson, la verdadera alma del rock progresivo, el viejo y el moderno. Espero que lo disfruten.
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Sección COMENTARIOS DE LECTORES sobre KING CRIMSON!

"Innocents raped with napalm fire"
1) 21st Century Schizoid Man; 2) I Talk To The Wind; 3) Epitaph; 4) Moonchild; 5) The Court Of The Crimson King.
mejor canción: 21st century schizoid man (including mirrors)
He aquí un álbum verdaderamente
revolucionario, ¿Por qué, se preguntará alguno? Simplemente porque siendo un
álbum de 1969, In The Court Of The Crimson King es el génesis del rock
progresivo y sinfónico. Así como suena; y no estamos hablando de algo a medio
formar, de una cosa que se está gestando; no es esto un embrión, un feto, ni
siquiera un bebé o un adolescente; esto es ROCK PROGRESIVO con mayúsculas,
plenamente conceptualizado, desarrollado y llevado hasta su máxima expresión,
con la ampulosidad, la grandiosidad, el virtuosismo ya presentes y en perfecta
forma. Toda una manera de encarar el rock, distinta, novedosa, apareciendo de
golpe y de la nada, como si del vientre de una madre saliera un adulto con barba
y bigotes. Aunque en realidad no es tan así: siendo puntillosos, hubo algún
que otro antecedente (siempre los hay), especialmente en la obra del grupos como
The Moody Blues y Nice (con un tal Keith Emerson en los teclados), que había
publicado su debut el año anterior, y no es del todo descabellado afirmar que
el germen del rock progresivo está en los Beatles, quienes extendieron la idea
de que no había límites y que el rock podía ser arte, a través de álbumes
como Sgt. Pepper’s y Revolver, donde agregaron influencias clásicas,
arreglos de cuerda, suites multiparte y demás elementos claves. Sin embargo es
aquí en el debut de Crimson donde aquellas aún tímidas mezclas de lo clásico
y lo moderno experimentan un salto enorme, manifiestándose en su absoluto
esplendor y máximo alcance sin haber tenido prácticamente ningún desarrollo
previo. ¡Es un ÁLBUM DEBUT de lo que estamos hablando! Cuatro tipos se
juntaron por vez primera, se animaron a lo que poquísimos grupos se han animado
en la historia y sacaron de la galera un estilo, qué va, ¡UN GÉNERO!
grandioso y completamente rompemoldes que cambió el curso de la música rock:
de éste álbum salieron Yes y Genesis, y de manera menos obvia, también algo
de Pink Floyd y muchas otras bandas progresivas.
Suele ocurrir que muchas obras que
resultan muy influyentes en su momento son superadas, ampliadas y extrapoladas
con el correr de los años. No es este el caso; In The Court no solo
marca el inicio de la era progresiva, sino que además es SU PICO, o en todo
caso, SU QUINTAESENCIA. No quiero decir que sea el mejor álbum de rock
progresivo de la historia (Selling England By The Pound, Animals, Fragile
son igual de impresionantes) sino que no hubo una evolución posterior
significativa en lo que a rock progresivo se refiere. Aquí están todos sus
elementos constitutivos: virtuosismo, grandilocuencia, experimentación,
canciones largas y de varios segmentos distintos, mellotrones a granel, letras
pretenciosas, obsesión con lo medieval, influencias de la música clásica y el
jazz, conciencia de estar haciendo “alto arte”... etcétera. El rock sinfónico
clásico tal como se lo entiende nunca se apartó mucho de estas normativas, y
todas ya están aquí, alcanzando su mayor expresividad y elocuencia. En
definitiva: no hay rock progresivo mucho más avanzado o mucho mejor que éste;
estamos hablando de uno de los álbumes verdaderamente revolucionarios de la
historia del rock.
¿Quiénes tocan? Robert Fripp en
guitarras, Ian McDonalds en melotrón y vientos, Greg Lake en bajo y Michael
Giles en batería, lo cual visto en retrospectiva es una flor de formación.
Como ya dije, esto es rock sinfónico clásico tal cual se lo tomaría en
adelante, pero naturalmente tiene sus cosas muy particulares que ningún grupo
pudo repetir y ciertamente ningún grupo hizo antes. Es decir: no solo marcó
las pautas para el rock progresivo, sino que también delimitó el estilo
particular con el cual King Crimson se movería dentro del género (uff, ya
estoy sonando DEMSIADO científico ¿No?). Un elemento muy distintivo que no se
repitió en muchos álbumes sinfónicos es la profusión de intrumentos de
viento, cortesía de Ian McDonald. No solo flauta, sino también saxofones,
trompetas y todo tipo de bronces estridentes hacen su aparición en algunas de
las canciones (especialmente en los tres álbumes siguientes). Pero lo
verdaderamente especial no son los intrumentos usados sino cómo los tocan
¡¡¡Y Cómo los tocan!!! No apunto a que los tipos eran unos genios en sus
respectivos intrumentos (que lo eran) sino al estilo con el que los tocaban. Un
estilo completamente único, novedoso, sin antecedente alguno, muy dificil de
describir con palabras y que consituye la plantilla para el resto de la carrera
de King Crimson. No estoy refiriéndome al 100% del álbum. Epitaph y la
canción que da título al álbum se encuadran más o menos dentro del rock
progresivo “normal”, pero 21st Century Schizoid Man y parte de la
infausta Moonchild son composiciones como nunca se habían visto jamás:
no solo influencias clásicas y melotrones: mucha disonancia avant-garde, mucho
jazz, potencia rockera, riffs devastadores, velocidad frenética y jams
descontrolados también hacen su aparición aquí y claro que estos NO son
elementos tan comunes en el prog tradicional. Estos “elementos no tan
comunes” son los que a la larga hace especial a este álbum y que es la única
rubrica que no encontraremos ni por asomo en el resto de los grupos progresivos.
Woha! Un álbum que no solo marca
un estándar a seguir, sino que además marca su propio estándar imposible de
seguir. Y para rematar... ¡Las canciones son increíbles! Y no solo increíbles,
sino VERDADERAMENTE IN-CRE-I-BLES. Porque claro, uno puede esperar que entre
tanto avant-garde, locuras e innovaciones varias las canciones en sí mismas
fueran poca cosa, meros vehículos para los delirios de los muchachos. Craso
error; los temas son clásicos absolutos, piezas altamente emocionales,
excelentemente compuestas. ¿Por qué no le ponés un diez entonces y te dejás
de joder? me preguntará alguno. La respuesta es: Moonchild. Les explico,
esta canción tiene una reputación mala, pésima y todo el mundo termina
tirando el álbum abajo solo por su causa. Básicamente porque se trata de una
larguísima improvisación avant-garde totalmente atonal sin estructura ni
cohesión, lo cual contrasta de manera muy chocante con el resto del álbum.
Entonces cuando la escuché por vez primera esperaba el horror total, lo
inescuchable y vomitivo. Y en verdad no es tan así; los primeros dos minutos y
medio de la canción son tan gloriosos como el resto del álbum (excelente melodía
aquí) y recién después aparece la infausta improvisación... yo no la
consideraría “inescuchable” ya que en realidad es una cosa muy suave y de
demasiado baja como para aturdir e incomodar, pero sí la llamaría “aburrida
e innecearia”. Simplemente porque no entrega nada: no es entretenida, no da
miedo, no es una muestra de gran virtusismo, no es ajustada, no es nada: solo
los cuatro miembros de la banda tocando cualquier cosa que se les viene a la
mente sin importar nada más... como analogía de un poema surrealista. Más
adelante, King Crimson volvería a caer en el mismo error con frecuencia, pero
también lograría jams mucho más inquietantes, completos e interesantes que
esta cosa. Una verdadera lástima que un álbum tan excelso tenga que se
arruinado de esta forma tan poco sutil.
Pero el resto es simplemente
maravilloso y basta para que perdonemos sin rencor la insipidez de Moonchild.
Si el álbum contuviera solo la primera canción, 21st Century Shizoid Man
(Including Mirrors) le alcanzaría para ser revolucionario y memorable. Es
que nos referimos a uno de los temas más inesperados y revolucionarios de la
historia; diría que más inaudito y revolucionario que cualquier cosa hecha por
un grupo “GRANDE”, con salvedad quizá de I Am The Walrus de los
Beatles. Es simplemente una inmensa bola de fuego y sangre rodando montaña
abajo a toda velocidad, aplastando cualquier cosa en su camino. Tenemos un riff
mastodóntico y apocalíptico que nos da la sensación de que la vida y el mundo
entero se nos vienen abajo, unos versos como puñaladas, absolutamente oscuros y
malévolos de Greg Lake, quien vocoder mediante suena como el mismísimo satanás,
anunciando proféticamente las miserias del hombre del siglo 21 (siendo uno de
ellos, puedo dar fe de que no se equivocaba), una sección media inconcebible (Mirrors)
con guitarras que se vuelven completamente insanas, saxofones endemoniados, un
ritmo que todo lo destroza y trallazos metálicos que nos sacan el alma del
cuerpo. Es jazz, pero un jazz al que agarraron, lo molieron a patadadas y
torturaron sexualmente hasta dejarlo convertido en un ser diábolico y
malparido. Y para el final una vuelta devastadora al riff inicial que nos deja a
todos achicharrados y llorando por mamá. ¡Qué experiencia! Las palabras son
poca cosa al lado de esta bestialidad. ¡Que forma de iniciar un álbum! Me
pregunto qué habrá pensado el público en su momento... más de uno se habrá
cagado en las patas, seguro (con perdón del vulgarismo). I Talk To The Wind es la completa antítesis. Una
canción relajante, con una sublime introducción de flautas, bella melodía y
hermosa cadencia. Para relajarse, y de paso probar que King Crimson también era
sumamente variado; pasar de una pesadilla musical a un remanso de ensueño y
bondad requiere... ehem... eclecticismo. Y para cerrar la primera cara tenemos
la grandiosidad absoluta de Epitaph (Including March For No Reason And
Tomorrow And Tomorrow) que con sus inflados melotrones, sus apabullantes
arpegios acústicos, la escalofriante interpretación de Greg Lake y su
sinfonismo glorioso aporta otro monumento de gran intensidad. Es como una
inmensa barrida, una imponente mole, una gigantesca y sublime columna de sonido
atravesando todas las dimensiones y barreras. Y la frase “Confusion will be my
epitaph” es algo con lo que todos nos identificamos, creería. ¿Qué no es
sincera? ¿Qué es una emoción simulada? Me chupa una guinda, a mi me emociona
y me gusta. Punto. Y luego de pasar por la frigidez de Moonchild volvemos
a terreno de genio con In The Court Of The Crimson King en un cierre a
todo trapo: Más melotrones, flautas y guitarras acústicas y un avance aún más
ceremonioso, pomposo, más aterrador incluso que Epitaph. La canción
transmite una densa atmósfera medieval y nos sitúa, o al menos a mí, de forma
casi gráfica en una corte ancestral repleta de personajes de ensueño, bosques
misteriosos, danzas paganas, palacios olvidados y días lejanos. Sencillamente
como estar en otro mundo.
Y aquí tenemos una verdadera, genuina obra maestra. Así de sencillo y simple. Muy mal dañado por la insignificancia de Moonchild, la grandeza del resto del material es simplemente aplastante, devoradora y nadie, nadie, nadie puede pasar desapercibido un álbum como este. Y menos si tenés un leve interés por el rock progresivo, esto es obligatorio, es el ABC, de primer grado. Aunque, pensándolo mejor, si se lo pasás a un chico de primer grado lo más probable es que se muera del susto con 21st Century Schizoid Man, así que mejor no.

"You look everywhere except inside you"
1) Peace - A Beginning; 2) Pictures Of A City; 3) Cadence And Cascade; 4) In The Wake Of Poseidon; 5) Peace - A Theme; 6) Cat Food; 7) The Devil's Triangle; 8) Peace - An End.
mejor canción: Pictures of a city (including 42nd and Treadmill)
Este álbum fue grabado en un contexto de desbande general; Greg Lake y McDonald, los dos miembros más importantes junto con Fripp, se cortaron, no se por qué motivos (Bueno sí; Lake decidió formar otro grupito junto a Keith Emerson y Carl Palmer, pero no me acuerdo cómo se llama). Al menos Lake tuvo la delicadeza de quedarse hasta terminarlo y aportar su voz en casi todos los temas, lo cual da motivos para festejar, dado lo bien que canta en momentos de este álbum.
Si tenemos que hablar del contenido de In The Wake Of Poseidon, se trata más o menos de lo mismo que ya habíamos escuchado en In The Court Of Crimson King; sin embargo muchos consideran a este segundo disco de Crimson como una sombra pálida y marchita de su grandioso debut. A mí sin embargo no me parece; cualitativamente hablando este álbum está un poco más abajo, nada más y siempre puedo pensar que se trata de una dignísima segunda parte más que de un pobre imitador. Otras cosas que se suelen decir es que no solo Poseidon mantiene el estilo de Crimson King sino que además es un calco exacto de aquel opus. Siempre se traza un paralelismo entre las canciones de ambos álbumes diciendo cosas como que Pictures Of A City es una reescritura de Schizoid Man y que In The Wake Of Poseidon es una mera imitación de Epitaph y In The Court Of Crimson King y que Cadence And Cascade es igual a I Talk To The Wind bla, bla, bla... Puede que tengan razón; de hecho, yo seré el último en negar que dichos paralelismos existen y que probablemente fueron intencionales; pero mientras la mayoría de las veces repetir fórmulas sin ámbiciones evolutivas deriva en penosos desastres, aquí Fripp logra un disco casi tan magnífico como el anterior que puede considerarse la segunda parte de una misma unidad coherente y aún más grande que In The Court solo. Yo en todo caso creo que más allá de si son reescrituras o imitaciones del disco debut, las canciones de disco se disfrutan mucho por sí mismas y si se parecen a... o si me hace acordar a... realmente no me importa demasiado en este caso; después de todo es algo bastante, bastante común repetirse en el rock. (Si no pregúntenle a Mr. Angus Young, a Mr. Mark Knopfler, a Mr. Bob Dylan, a Mr. Roger Waters y muchos otros Misters. que andan dando vueltas por ahí)
Vayamos entonces a las nuevas canciones; Pictures Of A City es la joya del disco y si me preguntan, no me parece en absoluto un carbónico de Schizoid Man. El estilo jazzero, con esos sintetizadores de vientos patentados por Ian McDonalds, sí es el mismo y el esquema riff / versos / improvisación larga / vuelta a los versos también, pero mientras que Shizoid Man era un completo delirio terrorífico y trasnochado, Pictures Of A City es un groove de jazz bastante más terrenal y menos desaforado (Aunque tiene sus pasajes relativamente tortuosos en la sección media) donde todo es brillante: el riff que abre es tan bueno como el de Shizioid, la voz de Lake acompañada de distorisionadas masas metálicas suena incluso más potente que antes y las típicas improvisaciones de Fripp en el medio aportan sus elementos como para no confundirlas con su performance similar en el tema anterior... En pocas palabras; no es tan parecida a la infausta Schizoid, tiene entidad propia y lo mejor es que, con el correcto volumen, te vuela la cabeza tanto como 21st Century. Pero además de Pictures, hay otras cosas sumamente interesantes. Una de ellas es la brillante, única y totalmente descabellada Cat's Food. Si a algunas personas les molesta del el rock progresivo su ampulosidad y grandilocuencia tienen que escuchar esta verdadera gema; nada de ampulosidad ni grandielocuencia aquí. ¡ ¡ ¡ Esto es un rock&roll ! ! !, pero tocado de una forma completamente delirante; un piano demente (a cargo de Keith Tippet) que toca notas disonantes, una línea de bajo que se hamaca (Me encanta el bajo en esta canción!), guitarras acústicas y eléctricas y la poderosa voz de Greg rugiendo las letras más insanas que se hayan escrito. Demás está decir que esta es la canción que desmiente la teoría de que Wake es una copia calcada de Court. Le regalo una galletita (¡Dos!) al que me encuentre algo similar a Cat's Food en el álbum anterior ¡Para escuchar!
El resto lamentablemente no es tan bueno. In The Wake Of Poseidon no es ni la mitad de majestuosa y grandiosa que sus hermanas sinfónicas del álbum anterior y a pesar de la belleza innegable de su melodía (que es casi una copia de Epitaph), realmente no me impresionan todas esas capas de mellotrones, melódicos pero sin dirección, que aparecen en todo el tema. En Epitaph y In The Court Of Crimson King había mellotrones, pero estaban usados con gusto y efecto; acá simplemente son empalagosos y encima la batería parece sacada de un tema de Led Zeppelin. Por otro lado está Cadence And Cascade, quizá la única que podemos llamar "plagio evidente" en comparación a un tema del álbum anterior, en este caso Talk To The Wind. Son realmente parecidas, hasta el punto que a veces me las confundo. Eso no significa que no la disfute, en efecto diría que me gusta un poco más que I Talk To The Wind. Se trata de la única del álbum que no canta Greg Lake sino Gordon Haskell (Al cual nadie soporta pero que acá hace un trabajo más que bueno). Su voz susurrante, las delicadas guitarras acústicas, el piano jazzero y la mística flauta traversa conforman una combinaicón sumamente agradable, sumamente bella e ideal para tirarse en la alfombra y deleitarse un rato en ensoñaciones. El tema que realmente me da dolores de cabeza es la antítesis total de Cadence And Cascade; el infierno de Devil's Triangle, una versión de la apabullante pieza sinfónica Mars The Bringer Of War de Elgar Holst; demasiado, demasiado ruidoso y apocalíptico para mi gusto; es una marcha absolutamente oscura, siniestra, portentosa, y ciertamente una de sus virtudes es que puede provocar miedo (sobre todo si se la escucha una noche solitaria, con la casa vacía y a todo volumen), pero no hay melodía, no hay un solo ritmo coherente; solo toscas y desafinadas progresiones de mellotron, azarosos y dolorosos ruidos extremos que no me da placer escuchar. ¿Avant-garde? Sí, pero es una de esas cosas que son avant-garde por el hecho de serlo. Un más o menos para este tema.
Por último nos quedan unas pequeñas partes acústicas llamadas Peace que son bastante insignificantes y hasta irritantes en las partes cantadas. Sin embargo el tema acústico de Fripp en la mitad del disco, Peace A Theme resulta ser sumamente agradable.
Concluyendo: buen disco; ideal para escuchar en equipos de buena potencia y calidad de sonido. Muy infravalorado y definivamente casi tan inspirado como In The Court Of Crimson King con el cual mantiene una dualidad inseparable. No lo consideren una secuela imitadora sino otra cara de la misma cosa, y verán que lo disfrutarán sin prejuicios.

"Pouring my wine your eyes caged mine glowing"
1) Cirkus; 2) Indoor Games; 3) Happy Family; 4) Lady Of The Dancing Water; 5) Lizard.
mejor canción: Lizard
Si hay un álbum impopular y
maldito en el canon de King Crimson, ese es Lizard. La gente lo detesta.
En cualquier fuente o sitio de internet que consultara terminaba leyendo las
cosas más espantosas y degradantes acerca de él: que su pretensión pseudoclásica,
que su ampulosidad fallida, que la mala calidad de los temas y así
sucesivamente. Todos los sitios parecidos al mío, como el de George Starostin,
el de Mark Prindle o la AMG Guide le otorgan calificaciones como un 3 y 4 y en
las revisiones le dan no con uno, sino con noventa caños. Con semejante
referencia, antes de escuchar Lizard por
primera vez me temía lo peor; una cosa insufrible, repulsiva, vomitiva o en
todo caso, aburrida hasta las lágrimas... ¡Bah! Estaba virtualmente preparado
para el suicido. Y así, este álbum terminó sorprendiéndome, simplemente
porque no encontré nada de eso.
¿Qué encontré entonces? Un
interesante y decentísimo álbum de rock sinfónico con algunos momentos de
gran atractivo, ciertos pasajes pletóricos en belleza (no muchos, es cierto), la rúbrica estilística
distintiva de King Crimson en cada tema y ningún momento que realmente,
REALMENTE, me
indujera a meterme los dedos en la garganta. Con esto no estoy diciendo que Lizard
es una obra maestra o que no tenga sus problemas; los tiene y son bastante
notoables, pero no se trata en absoluto de la porquería intragable que la mayoría
de la gente descarta. Es otro buen álbum de rock sinfónico; y que aunque no
sea In The Court Of Crimson King nadie que esté interesado en el género
se va a arrepentir de tenerlo en su colección.
Hecha esta salvedad hay que admitir
que Lizard no alcanza las alturas de los dos álbumes previos,
especialmente si tenemos en cuenta las canciones que ofrece: no voy siquiera a
pretender que hay aquí un nuevo 21st Century Schioid Man o un Epitaph
o un Pictures Of A City, ni siquiera un Cat Food. Si esperás
encontrar ese tipo de clásicos geniales e imperecederos, solo olvídalo; en tal
sentido, Lizard es un evidente escalón hacia abajo. Para peor, el
“vocalista” Gordon Haskell, quien había hecho un debut bastante
digno en la hermosa Cadence And Cascade, desenmascara aquí, no un mal
cantante, sino un PESIMO cantante, un HORRENDO cantante, un EXCECRABLE cantante,
no se si me hago entender... Canciones sumamente decentes y con enorme potencial
fracasan estrepitosamente por sus incalificables berridos. No es que el tipo
tenga mala voz o desafine, simplemente no sabe ¡¡QUÉ CARAJO ES CANTAR!! Tiene
que cantar y no sabe qué hacer, por lo tanto se pone a farfullar cosas a las
apuradas, desencajado, sin entonación, sin fluidez, sin expresión, casi como
ahogándose y trabándose todo... en fin, un verdadero espanto. Si yo tuviera un
cantante así en mi banda seguro que lo expulsaría a golpes a la primera toma.
¿Qué es lo que salva al álbum
entonces? ¿Qué es lo que hace que no sea TAN horrible después de todo? El
estilo man!, el estilo. Tenés que adentrarte en ese estilo, dejarte absorber
por ese estilo. Guitarras raras, ritmos siniestros, saxofones paranoicos, y de
pronto aparecen celestiales acordes acústicos y dulces melodías, después
viene un poco de jazz y vuelven más tarde los ritmos pesadillescos y en el
medio puede aparecer un riff de melotron tirando la casa abajo antes de que
entren los oboes y las trompetas mezclados con un trallazo de heavy-metal y
xilofones en el fondo. Es decir ¿Quién no se siente fascinado ante tanta
diversidad y tanta locura? Yo sí. Estas canciones hubieran sido mortalmente
aburridas si las hubiera tomado Genesis o Yes o Pink Floyd (No me malentiendan,
me gustan esas bandas, pero al lado de King Crimson son mucho más normales),
pero con este tratamiento tan trasnochado, hasta la canción más blanda y
olvidable se transforma en algo interesante de escuchar. Y en Lizard esta
dicotomía se da a la perfección: las canciones son poca cosa, pero los
arreglos son tan retorcidos y lunáticos que el oyente se siente metido en un
mundo, un mundo que lo va chupando y lo va exprimiendo. Muchos de los
experimentos avant-garde de Fripp u cia. terminan siendo bastante aburridos (Moonchild)
o repetitivos (The Devil’s Triangle) pero acá se presentan un poco más
balanceados y suenan más bien como masas de sonido impredecibles y cambiantes
que divagues inconsecuentes de ruiditos aleatorios. Y por suerte Lizard ya
no aspira a ser un segundo clon de In The Court Of Crimson King sino que
se aparta un buen trecho de la fórmula previa, acentuando los aspectos jazzísticos
y puramente avant-garde al tiempo que relega lo sinfónico y climático a un
segundo plano. El resultado es una pieza de canciones flojas y horriblemente
cantadas pero con un entretenido y variado cocktail de jazz, avant-garde y clásica
enmascarándolas.
La primera canción, Cirkus
presenta un buen panorama de lo que es el resto del álbum: comienza con una
pista acústica placentera y una melodía vocal bastante buena, aunque arruinada
por los espantosos divagues de Haskell (O al revés; unos espantosos divagues de
Haskell salvados por una melodía vocal bastante buena, lo mismo da) De pronto,
de la nada entra un melotrón malévolo a lo Devil’s Triangle y el
viaje comienza... y continuará a través de excelentes solos de saxofón y
pasajes pesadillescos dominados por el melotron y la guitarra acústica
omnipresente de Fripp. Las siguientes dos canciones, Indoor Games y Happy
Family son las dos más malditas y detestadas del grupo y en cierta forma
alcanzo a ver el porqué; Gordon sigue ladrando a gusto y las melodías apestan
con ganas. Aún así, ambas piezas me resultan de cierto interés, sobre todo Indoor
Games, que se construye sobre un buen groove de jazz, con un riff a lo Pictures
Of A City pero notablemente más relajado y perezoso. Pero lo que más me
gusta de la canción viene al final, donde el grupo ensaya una improvisación
donde se lucen algunos magníficos riffs acústicos de Fripp y un buen bajo de
fondo y que deriva más tarde hacia un solo de saxo (Con un divertidísimo
sonido de sintetizador en el medio, que parece sacado del peor jueguito de
playstation del mercado). El que no está nada bien es Gordon Haskell, quien
cierra la canción de la peor manera posible con el “yeah!” más patético
jamás grabado y unas risas/llanto penosas. El efecto que crea es que el tipo se
da cuenta de lo mal que canta y se echa a reir con un alarido de resignada
impotencia. En Happy Family la cosa es aún peor ya que en un intento
desesperado por hacer su voz más interesante, Fripp agrega distorsiones del
estilo 21st Century Schizoid Man que suenan bastante bochornosas. Pero la
intro de la canción con esa portentosa melodía de sintetizador funciona, al
igual que los diversos breaks instrumentales donde la banda directamente se
vuelve chiflada. Cuando Gordon no canta, todo parece estar bien. Lady Of The
Dancing Water es uno de los efuerzos más coherentes, repitiendo la onda de I
Talk To The Wind y Cadence And Cascade con relativo éxito. La
aguda flauta que pone la nota inicial es soberbia, y Gordon aquí suena menos
horrendo que de costumbre, lo cual me induce a pensar que quizá el muchacho
servía al menos para este tipo de performances suaves y estrictamente melódicas.
Para cerrar el álbum King Crimson
incluye su primera (y única) suite de cara entera. Con sus 23 minutos de duración
y sus diferentes segmentos, la pista titular es lo más cercano a un clásico
que tenemos en este álbum. Arrancamos con Prince Rupert Awakes, una
balada pop cantada por el hombre de Yes, Jon Anderson. No soy un gran fanático
de Jon Anderson, pero después de tener que sufrir los balidos de Haskell, su
voz aparece aquí clara y pura como cristal, inspirando alivio y alegría. La
canción en sí es además muy buena, con un estribillo melódico más o menos
memorable y un clímax inflado de melotrones y masas corales. Pero aún mejor es
Bolero: The Peakock’s Tale, el momento más maravilloso de todo el álbum.
Es una fantástica mezcla de bolero mexicano con música clásica y solo queda
rendirse ante la mágica melodía de la trompeta, primero, y el oboe, después.
Pero no solo eso; en determinado momento, el piano de Keith Tippet, que hasta en
entonces venía haciendo un placentero trasfondo latino para el bolero, empieza
a ponerse cada vez más jazzero y oscuro, convirtiendo todo en un rompecabezas
de jazz y saxos disontantes antes de volver al lirismo y clasisismo del tema
anterior. Al concluir al bolero vuelve a aparecer Haskel en toda su mediocridad
antes de la llegada de The Battle Of Glass Tears, una formidable masa de
melotrones y bronces malévolos a la Devil’s Triangle, que se exitiende
infinitamente y nos transporta hacia la locura total. Luego de un falso final
llega el breve collage sonor de Big Top y el álbum conlcuye. Lizard no
es la épica sinfónica de una cara de duración que más me vuela la cabeza,
conste, pero sí una de las más interesantes.
Entonces así redondeamos nuestro álbum. Un pasticho polifacético, inacequible, grandezas y miserias, sueños y pesadillas imposibles de amalgamar metidos todos en la misma bolsa y revueltos hasta el mareo. No tiene la calidad del dueto de álbumes empezados con “In The”, pero para quienes quieran creerme, no es ni mucho menos el desastre que todos andan diciendo. Y si querés terminar la lectura con una buena noticia más, te la doy: a Gordon Haskell lo echaron a patadas ni bien concluyó la grabación de este álbum.

"Earth, stream and tree encircled by sea"
1) Formentera Lady; 2) Sailor's Tale; 3) The Letters; 4) Ladies Of The Road; 5) Prelude: Song Of The Gulls; 6) Islands.
mejor canción: Ladies of the road
Con Islands pasa más o
menos lo mismo que con Lizard. No solo porque en esencia son bastante
parecidos, sino porque la reacción del público es igual de fría para con
ambas publicaciones. Hagan la prueba, busquen alguna que otra referencia en la
web y verán que, salvo para los fans incondicionales, Islands está
considerado el peor álbum de King Crimson, o a la par con su antecesor como uno
de los peores.
Particularmente yo sigo aquí, sin
entender por qué tanta mala prensa. No comprendo las razones de la AVERSIÓN
generalizada que hay hacia Lizard y Islands. Repito: es verdad que
nos son tan sólidos, tan impresionantes como los dos primeros. Son menos
focalizados, más erráticos y se nota que hubo mucho menos esfuerzo involucrado
en la construcción de melodías y sí una mayor inclinación hacia lo meramente
improvisado y delirante, y eso es lo que segurmente irrita a los fanáticos de In
The Court Of Crimson King: en aquel las canciones eran sumamente
consisas, construidas y calculadas, tan solo había un jam aislado en Moonchild
y no casualmente es la parte
que todos odian del álbum; en cambio en Lizard e Islands el
costado “improvisador” de King Crimson se libera en toda su flema. Ahora
bien: esto no quiere decir que estos pasajes avant garde sean igual de sosos y
apagados que Moonchild; nada de eso: como dije en la revisión de Lizard,
esta música no es inmediatamente cautivadora o memorable, pero mientras suena
uno se siente intimidado y fascinado por la impredecible catarata de sonidos que
lo rodean. Y es debido establecer la diferencia que hay entre una fallida suceción
de soniditos apenas audibles como Moonchild con espeluznantes marcha de
locura como lo son el final de Lizard o Sailor’s Tale y
excelentes pasajes de jazz avant-garde como los que pueblan Ladies Of The
Road e Indoor Games. Quiero ser claro: no soy un gran fanático de
este tipo de improvisaciones (Ya establecí lo aburrida que me resulta The
Devil’s Triangle) pero me es muy difícil odiarlas como parece odiarlas
todo el mundo. Y hay que admitir que así como podía ser insoportablemente
aburrido y dárselas de raro por el mero hecho de ser raro, también Fripp era
capaz de poner a tono un pasaje improvisado realmente excitante e inpirador,
sobre todo cuando sacaba a relucir las influencias jazzeras, que en Islands mantienene
su vigencia.
Islands particularmente
es mejor que Lizard. No solo porque mejora a nivel canciones sino también
porque es mucho más variado. En efecto, es claramente el álbum más versátil
e impredecible de toda la historia del grupo. A diferencia de otros álbumes de
King Crimson, Islands no se ata a ningún paradigma en especial sino que
va atravesando alternativamente retazos de las diferentes caras de la banda; de
a ratos parece retomar el prog de mellotron y el sinfonismo inflado del primer
álbum, a veces recuerda a In The Wake Of Poseidon cuando se involucra en
jams de blues ácido a lo Cat Food, en otros momentos remite más a Lizard
con sus desencajadas improvisaciones jazzeras y sus disonantes saxos y
trompetas e incluso hay algunos pasajes de inéditos riffs abrasivos que
predicen el futuro cercano de Larks’ Tongues In Aspic. De esta forma
resulta una de las expriencias más impredecibles de King Crimson, saltando sin
tregua de un estilo a otro; de una pesadilla de disonancias como Sailor’s
Tale caemos en el remanso celestial de Islands, recalando en
estribillos Beatle y blues en Ladies Of The Road y música clásica pura
en Song Of The Gulls. Vendría a ser una acertada sumatoria de lo que fue
el primer primer período del grupo (que se acaba justamente con este álbum) y
se anima a dar algunos retazos de las tendencias a desarrollar en el futuro. Y
ojo que no es una mera sumatoria; muchas de las canciones impactan por sí
mismas.
En cuanto a calidad el álbum es
dispar y en general las canciones repiten la insustancialidad compositiva que
caracterizó a Lizard, pero en definitiva suelo disfrutar la mayor parte
de él debido a que los sonidos son fantásticos y trascienden largamente el
concepto de “canción bien compuesta”. Un hecho fundamental es que ya no está
más el perro de Haskell y en su lugar está Boz Burrell, otro cantante de voz
bastante indistintiva (apenas puedo distinguir su timbre del de Lake) pero que
entona y modula muchísimo mejor que nuestro ex-amigo Gordon. Es curioso también
observar cómo el álbum empieza por lo más flojo y va mejorando
ostensiblemente a medida que avanza para terminar de la mejor manera. De hecho
la primera canción Fomentera Lady es lo peor del álbum. Se trata de
algo así como una balada avant-garde con una melodía vocal inexistente y poco
interesantes líneas de violín y flauta. Sailor’s Tale por su parte es
el momento más desafiante de Islands y de la carrera del grupo; un jam
avant-garde de DOCE MINUTOS y MEDIO. Doce minutos y medio de erráticas
guitarras distorsionadas, saxofones que parecen ánimas aterradas o alucinadas
lamentándose en medio de la noche, violines sangrantes, guitarras acústicas
aleatorias, disonancias al por mayor y un ritmo de bajo y platillos
pesadillesco. A primera odía esto es una tortura insoportable, pero luego de
unas escuchas uno se va aclimatando y empieza a entenderle la vuelta; no es algo
hermoso, no es algo poderoso, no es muy aterrador. Pero es algo... ¿Inquietante
podríamos llamarlo? ¿Distinto? No sé que es, pero no es una pérdida de
tiempo como dicen todos. Y además para estos oídos entrega algunos
antecedentes interesantes a Lark’s Tongues In Aspic. La primera sección
donde se returcen los violines y saxofones es la base de The Talking Drum y
los violentos riffs distorsionados que tira Fripp más o menos a partir de los
siete minutos y medio son la plantilla para todos esos riffs enloquecidos que
serían marca de fábrica para Crimson de aquí en adelante.
Después de esta primera parte
puramente experimental el álbum entra en territorios más acequibles, con
canciones más concisas y cortas que, a la larga, constituyen una escucha más
placentera que los delirios de la primera mitad. The Letters mezcla
efectivamente momentos muy calmos con riffs abrasivos de saxo y guitarra eléctrica
que también atisban al futuro de la banda, sobre todo por el tono de la
guitarra de Fripp. La melodía sin embargo no es gran cosa y esencialmente sigue
siendo tan avant-garde como el principio del álbum. Lo que realza Islands verdaderamente
sobre Lizard son las excelentes tres últimas canciones. Ladies Of The
Road, particularmente, es una joya imperdible (¿Y qué tenían con las
"ladies" eh? Lady Of The Dancing Water, Fomentera Lady, Ladies
Of The Road... está para confundirse). Empieza como un blues oscuro
experimental, con una letra sobre concupiscencias adolescentes tan sexual,
misógina y
obscena que pondría colorados a los mismos Rolling Stones y una muy buena
performance vocal de Boz, acorde con la suciedad de la canción. La cosa se va
poniendo más pesada y caliente a medida que se va agregando un humeante saxófon,
ritmo de batería y un prominente bajo. Hasta aquí la canción parece como una
muy lograda cruza entre Cat Food (de In The Wake) y Easy
Money (del subsiguiente Lark’s
Tongues In Aspic) Pero lo
que le da inmortalidad a Ladies Of The Road es el maravilloso estribillo
Beatle que nos transporta a un mundo totalmente nuevo que nunca hubieramos
imaginado al empezar la canción. Es este tipo de trucos los que determinan el
genio de un grupo y esta imitación está tan bien lograda que la primera vez
que uno la escucha lo primero que piensa es que son los Beatles y no King
Crimson los que están cantando. El oyente se enfrenta a nuevas sorpresas cuando
llega Prelude: Song Of The Gulls que es lo último que uno esperaría
después de algo como Ladies Of The Road: se trata de una impecable pieza
de música clásica pura... obviamente derivativa, pero innegablemente bella con
sus oboes y sus hermosos pizzicatos. Y pensar que el compositor de esta delicia
es el mismo Fripp capaz de rompernos los tímpanos con sus guitarras eléctricas
y devaneos avant-garde. Para el final tenemos otra maravilla en Islands,
una balada muy suave y melódica que por momentos parece una reinterpretación
de The Peakcock’s Tale, un remanso de ensoñación que inmediatamente
nos sumerge en el más delicioso de los trances. Solo nos queda cerrar los ojos
y contemplar las imágenes inasibles y delicadas que van surgiendo en nuestra
mente. No hay ninguna melodía claramente definida, sino una atmósfera hermosa
donde trompetas, pianos, oboes, melotrones y susurros lejanos pintan una idílica
escena, una hipnótica canción de cuna.
Y pensar que TANTA gente ha descuartizado a este álbum. No lo entiendo. Es un producto sumamente variado y amplio, que ofrece por igual momentos de pesadillesca potencia y delicada ensoñación, que explora tantos recovecos que otras bandas de Prog jamás tocaron y tiene tantas hermosas y portentosas atmósferas. Al menos YO, no puedo malinterpretar un producto así. Islands no tendrá la majestuosidad ni la consistencia de In The Court, pero para estas alturas King Crimson estaba embarcado de lleno en un paradigma totalmente diferente donde ni la majestuosidad ampulosa ni la composición concisa son lo primordial. Es un error común; juzgar algo por lo que no es ni quiere ser. Si esperamos que Islands sea otro In The Court estaremos decepcionados. De otra forma veremos que un ocho es lo indicado para este álbum.

"You could never tell a winner from a snake, but you always make money"
1) Larks' Tongues In Aspic (part 1); 2) Book Of Saturday; 3) Exiles; 4) Easy Money; 5) The Talking Drum; 6) Larks' Tongues In Aspic (part 2).
mejor canción: Larks' tonges in aspic (parte 2)
El álbum más importante de la carrera de King Crimson. Punto y aparte.
Si, seguramente In The Court Of The Crimson King haya representado mucho más para la música en general ya que se trata del álbum clave del rock progresivo que influyó a cada una de las bandas de ese movimiento, sin embargo Lark's Tongues In Aspic es el pilar único y absoluto, donde King Crimson encuentra SU estilo definitivo (un estilo que nada ni nadie ha podido replicar) y sobre el cual la banda se ha basado aún hasta hoy. Es por eso que en las revisiones a partir de ahora, este disco va a estar mencionado casi permanentemente como principal referencia. Qué cosa no? Pavada de álbum.
Como si fuera raro, hay nueva versión de King Crimson con Fripp, (por supuesto), Wetton en bajo, Cross en violín y el incomparable Bruford en la batería (Más un tal Muir que toca diversos artefactos de percusión pero que dejó el grupo antes de que el disco se publicara). Bruford, Bill, llega al plantel Crimson nada menos que desde el Yes de Close To The Edge pero sin dudas alcanzaría su pico total con el Rey Carmesí a través de ritmos ultracomplejos y ultraveloces impensables hasta que efectivamente uno los escucha. Wetton es un muy buen bajista, muy innovador y potente, y un vocalista aceptable. No tiene una gran voz; pero tampoco desafina ni berrea como lo hacía Haskell, y aunque no tiene la expresividad dramática de Lake... pues se trata de un gran vocalista para la banda. En cuanto a la adición de Cross: mentiría si dijera que sus contribuciones me fascinan: está claro que la estrella del álbum es Robert Fripp y que el violín es solo un adorno incidental que otorga una cuota adecuada de dramatismo, oscuridad y experimentalismo. Dicho esto, admito que justamente el violín de Cross es uno de los sonidos más distintivos del álbum. Si el del violín te parecía un sonido "dulce y melódico" tendrás que escuchar a Cross para cambiar rápidamente de opinión. Este es el nuevo King Crimson señores.
¿Resultado? Completamente demoledor. Atrás han quedado la ampulosidad, la bombástica y las grandiosas épicas sinfónicas de la primera época. Enterrados están los grooves de jazz, los saxofones, los oboes y las trompetas. Difuntos los reyes carmesí, los circos y las damas de aguas danzantes. Ahora lo que tenemos es una superprofesional, extravagante y totalmente abrasiva colección de infernales jams avantgarde, con poderosos ataques heavy metal que dejarían a Deep Purple y Black Sabbath temblando de puro pavor, percusión extraña, violines malvados, ominosos pasajes de esquizofrenia pura y aplastantes delirios metálicos que devoran los oídos y queman las sinapsis, tocados con increíble precisión. Parece como si Robert Fripp hubiera desestimado todo el material crimsoniano del pasado a excepción de 21st Century Schizoid Man para concentrarse más en ESE tipo de composiciones, que desde un principio habían sido las más novedosas y particulares de King Crimson, solo que limpiando todo tipo de influencia de música jazz y concentrandose más en las posibilidades que da una buena guitarra distorsionada y con el volumen al mango en manos de un virtuoso con ansias de ir más allá. Considero que este nuevo estilo alcanzaría su pico absoluto en Red, pero aquí es donde se funda el verdadero King Crimson tal cual se lo conoció desde entonces. Este estilo de jam virtuoso, preciso, muy metálico y progresivo sería el que predomnaría por el resto de la carrera del grupo, aún bajo los matices pop y new wave de la era Discipline. Al igual que ocurría con el King Crimson del pasado, los distintos momentos de este álbum se pueden dividir en dos principales tratamientos de la música: cuando la banda toca ajustada y precisa un pasaje complejo, calculado y armado y cuando se dedica a improvisar sueltamente sin demasiada organización ni estructura. Cuando hace lo primero la banda es sencillamente devastadora: parece inhuamano como se pueden tocar con tanta justeza y profesionalidad cosas tan complicadas y que el resultado sea tan contundente y atractivo para el oído; en cambio cuando se dedican a divagar la cosa es considerablemente menos interesante y la atención se pierde. Pero, en Lark's ambas facetas aparecen más o menos balanceadas y consitutuye una experiencia de audición necesaria para los amantes del prog y la música experimental.
¿Por dónde empezar? Pues por el principio. El LP abre con un crescendo de sonidos percusivos-melódicos con kalimbas (un instrumento africano que tiene como teclitas de metal para los pulgares) que se disuelven en una MALVADA pista de melotron. Se trata de Larks' Tongues In Aspic parte 1. Nada demasiado entretenido hasta aquí; pero algo raro se huele en el aire, la tensión es palpable y la atmósfera sofoca los pulmones... hasta que WAW!! Esa explosión terrible, maníaca de guitarras eléctricas superabrasivas en un riff monstruoso que podría reducir a polvo un edificio entero nos catapulta hasta el hiperespacio. ¿Metallica? Bah, Esto SÍ que es pesado. El resto del tema se basa en repeticiones del riff y pasajes oscurísimos con el violín de Cross. Después de este primer ataque la canción se disuelve en ese tratamiento descuidado y aleatorio que no parece muy interesante, sobre todo porque por momentos parece que los instrumentos dejan de sonar completamente, pero por suerte cierran con una maravillosa melodía de violín que va creciendo en intensidad y llevando la canción hasta su conclusión. Después vienen un par de decepciones que igualmente se pueden apreciar. Book Of Saturday es una balada minimalista relativamente agradable, con bellas líneas de guitarra a cargo de Fripp y solos invertidos que dan una atmósfera muy triste. Hay otra balada aquí, Exiles y es la única que más o menos rememora el viejo King Crimson con sus aires a lo Wake Of Poseidon. En principio parece ser más que Book Of Saturday, pero a decir verdad sus melotrones y guitarras acústicas no entregan ningún momento particularmente memorable y la voz de Wetton suena, por lo menos aquí, ofensiva. Muy mal cantada esta canción señores; cero plasticidad, cero recursos, cero expresividad, cero melodía.
Pero bueno, llega Easy Money, y con facilidad tenemos el mejor número vocal del disco. El comienzo es inolvidable, sencillamente inolvidable. Otro riff cool, groovy (digánme como es posible que no pueda traducir estas expresiones y que sin embargo sepa exactamente a qué me refiero!!!) y abrasivo con una percusión tribal de primera calidad. En seguida se suman unas voces sucias y ligeramente desafinadas para completar un cuadro siniestro, oscuro, único y por ende fascinante ante oídos primerizos. Los primeros versos nos recuerdan a Book Of Saturday (por su minimalismo) pero enseguida la canción se sumerge en un jam progresivo de primerísimo nivel, fantástico, potente, libre y creativo, no muy ruidoso sino más bien amenzante, sutilmente cruel. La parte donde Fripp lanza esos peligrosos acordes y se escucha una risa malévola... genial. No una gran canción, pero quién habla de canciones, hablamos de MUSICA. No me atrae demasiado The Talking Drum que para mí es solo un crescendo esquizofrénico y ruidoso por el mero hecho de hacer ruido. Nunca entretiene realmente, aunque me gusta la idea que leí por internet de imaginar que este es el tipo de música que uno escucharía en un desenso lento a los infiernos. El cierre sin embargo es mágnifico. Un reprise de Larks' Tongues In Aspic pero con un riff quizá más vicioso y agresivo y una percusión salvaje que me satura de adrenalina. ¡Dios! al lado de este riff 21st Century Schizoid Man suena como Somewhere Over The Rainbow!!! Increíblemente demoledor, la abrasividad encarnada. The Talking Drum es más abrasiva pero aquí hablamos de abrasividad entretenida, dentro de un pasaje musical coherente y perfectamente construído. La composición tiene una estructuración notable, imprsionante, con la batería de Bruford haciéndo de las suyas y con varios intermezzos más calmos pero nunca más luminosos, con susurros y alaridos SINIESTROS de criaturas malévolas saliendo por los parlantes (¿Las alondras del título quizá? Buhhhh la idea de un pájaro gritando de dolor sí que es aterradora...). Una canción más oscura y negra que la misma muerte para cierrar un disco brillante. La música avant-garde pocas veces llega a estas alturas de imaginación y, especialmente, entretenimiento genuino.
Bueno brillante solo por Easy Money y ambas partes de Larks' Tongues In Aspic y por ser el álbum verdaderamente revolucionario para el mundo de King Crimson. El resto no me interesa tanto pero igual, vale la pena. Vale la pena.

"Cigarettes, ice cream, figurines of the Virgin Mary"
1) The Great Deceiver; 2) Lament; 3) We'll Let You Know; 4) The Night Watch; 5) Trio; 6) The Mincer; 7) Starless And Bible Black; 8) Fracture.
mejor canción: The great deciever
En Starless And Blible Black, Fripp y compañía expanden su recientemente creado estilo de "jam de metal prog", para llamarlo de alguna manera, hacia horizontes más audaces todavía. El espíritu es más o menos el mismo que el de Lark's Tongues In Aspic; jams electrizantes y super-metálicos, riffs que lijan el cerebro, percusión poderosa y complicada etc. Lo que sea, ya lo habíamos escuchado en el álbum anterior. Pero entonces, si es más o menos lo mismo, ¿Por qué el 6 y no otro 8?
El principal problema con el álbum es que muchas veces "extrapolar la fómrula hacia terrenos más audaces" implica extrapolar la formula a terrenos más inciertos, más erráticos, más monótonos, menos focalizados y menos interesantes. Los sonidos son siempre innovadores, siempre inquietantes, eso sí, pero en cuanto a composición y estructuración está claro que estamos un paso atrás de Lark's Tongues In Aspic. En la revisión anterior decía que este nuevo King Crimson tenía dos facetas: cuando se lanzaban a un jam bien ajustado y estructurado a la Lark Tongues In Aspic 2 o cuando se dedicaban a divagar e improvisar sin demasiada cohesión interna a la Talking Drum. También había establecido cuál de las facetas resultaba la más copada. Pues aquí en Starless And Bible Black King Crimson elige justamente hacer a un lado lo conciso y lo focalizado para inclinarse ostensiblemente hacia la segunda faceta, la de los jams vagos e imprecisos. Jams vagos e impresisos que no parecen llegar a ninguna parte. Jams que seguramente conforman una excelente "música de fondo", "música de ambiente" o "música de atmósfera", pero que raramente consituyen algo interesante para escuchar activamente y con atención, como lo eran los mejores pasajes de Tongues como el fantástico jam de Easy Money o los riffs maníacos de Lark's Tongues In Aspic.
El álbum, salvo excepciones, está plagado de estos jams instrumentales avant-garde (casi todos grabados en vivo) donde los miembros de la banda parecen tocar cada uno a su propio antojo, y a ver qué sale. Casi no existe ese trabajo de estructurar todo cuidadosamente de la forma que más impacto genere en el oyente. Y no estoy en contra de los jams, todo lo contrario, pero prefiero cuando están enmarcados en una canción hecha y derecha. Si tomamos por ejemplo Easy Money está claro que no hubiera sido lo mismo dejando solo el jam del medio y quitando los versos y la intro ¿Se entiende? Aquí en muchas oportunidades solo tenemos las improvisaciones extrañas y nada más. Pero el problema fundamental del álbum no pasa porque los jams no estén estructurados o no sean parte de canciones concisas. Esos son solo caprichos míos, porque al fn y al cabo, si uno se atiene al género, se puede tener un excelente álbum de jams instumentales "no focalizados" y "no estructurados". El verdadero inconveniente es que todos son más o menos lo mismo. Uno puede tomar al azar Starless And Bible Black, Fracture, The Mincer, We'll Let You Know o Lament y tendrá esencialmente el mismo jam disparatado y errático sin mayores variaciones. Y ahí esta el asunto: cuando el álbum se vuelve tan monótono, tan vago y tan limitado en estilo no me queda otra que bajarle un punto. Lark's Tongues, aunque similar en estilo era muchísimo más rico en matices y estructuras excitantes.
Dicho esto tengo que aclarar que Starless And Bible Black no me impacta tan negativamente como a otros críticos. A pesar de las pálidas hay que admitir que algunas de las canciones son fantásticas y están a la altura de lo mejor del trabajo anterior, mientras que todos aquellos mencionados jams avant-garde, aunque erráticos, tediosos y similares entre sí, nunca llegan al nivel de "insoportable" y ocasionalmente se las arreglan para impactar con algún gran riff de Fripp o algún ritmo pesadillesco de Bruford. Hay que estar atento para captar estas pequeñas cosas interesantes que salen a flote cada tanto.
Pero sin lugar a dudas las canciones más satisfactorias son aquellas que hacen incapié en la estructura, en la melodía, en los riffs ajustados y que no dejan nada librado al azar. Son tan solo dos, dos benditas excepciones. En primer lugar está el highlight absoluto The Great Deciever, con un riff de violín (De VIOLIN señores) totalmente sacachispas que abre el álbum de la manera más inesperada y enérgica posible. Pero la canción no se queda solo en eso: se trata de una composición muy bien estructurada con una melodía extraña pero pegajosa y varios riffs avant-garde de fondo que sin embargo nunca entorpecen la fluidez de la canción. Al principio las líneas "Cigarrettes, ice creaaaams" puede taladrar un poco los nervios, pero después de un tiempo eso se pasa. La otra gran canción es The Night Watch, una hermosa balada oscura muy digna de Lark's Tongues In Aspic (De hecho, no hubiera venido mal reemplazando a Exiles o Book Of Saturday). La introducción de The Night Watch es engañosa: una serie de disonancias de violín y campanitas hacen pensar en un nuevo embole experimental de los que tantos hay en el álbum. Sin embargo de a poco va trasfigurándose en una balada deliciosa que alcanza su mejor momento cuando llega el estribillo acompañado de una MAG-NI-FICA melodía de la guitarra eléctrica de Fripp. Les cuento que durante mucho tiempo esta canción no me causó gran impresión, pero esas melodías atrapantes y oscuras de Robert me engancharon y me considero ahora mismo un enamorado de la canción.
Hablando de emboles experimentales. Eso es todo lo que nos queda más allá de estas dos pequeñas joyas. Algunos están bastante bien: Lament particularmente empieza pegada a The Great Deciever como una melodía tan preciosa como la de Night Watch, donde Wetton se revela de a poco como un sólido vocalista. Solo tras algunos minutos empiezan los infaustos riffs y los truquitos de percusión transformando todo en un jam-rock pesado, que tampoco está nada mal (aunque no parece pegar demasiado con la primera mitad de la canción). También me quedo con We'll Let You Know, simplemente porque es relativamente corta y a pesar de que empieza un tanto fuera de foco y que a fin de cuentas no es más que un relleno intrascendente, con las tradicionales guitarristas y violines erráticos, la cosa se va construyendo de a poco hasta que a los dos minutos y cincuenta segundos el ritmo de la batería entra en toda su decisión y todo se incendia con uno de esos grooves marca registrada de Crimson absolutamente inimitables. La última concesión de interés la otorga Fracture que puede acusarsele de ser demasiado extensa, compleja y de no otorgar nada que no hayamos escuchado antes, pero admitiré que la construcción de los riffs y climas está lo suficientemente lograda como para revivir por momentos la grandeza de los instrumentales de Lark's Tongues In Aspic.
Nos quedan entonces algunas cenicientas de poco valor que en definitiva no me permiten ponerle más de un seis a este álbum que en realidad no es nada malo. Trio es un ejercicio próximo a la música clásica que no está mal como música de fondo para un paseo nocturno por el campo misterioso con naves espaciales enterradas alrededor, pero que en definitiva no otorga ninguna melodía distintiva o impulso enérgico. The Mincer es... bue, otra cosa como We'll Let You Know, con algunos coros incrusados al final... nada memorable realmente, y la pista titular Starless And Bible Black (no confundir con la gran Starless del siguiente álbum) empieza reviviendo los fantasmas de Moonchild y ciertamente no se pone mejor. Es un jam experimental de mellotrones y guitarras atonales casi tan largo como Fracture y muy parecido salvo que cualquier pequeño intento de rockear y tocar ajustadamente ha sido postergado. Redundante. Aburrido. Bostezo.
Creo que Starless And Bible Black marca el punto donde King Crimson intenta sobrepasar innecesariamente ciertos límites sin llegar realmente a nada. Claro que vale la pena agregarlo a la colección ya que Night Watch y Great Deciever son grandes gemas del catálogo crimsoniano que hacen de este un sucesor valedero de Larks'. Pero no mucho más que eso; un sucesor valedero. Pronto Fripp, Wetton y Bruford se darían cuenta que la dirección a tomar era otra. La única forma de llevar sus aspiraciones de conmover y despertar la imaginación a su máximo potencial era tomar este estilo de jam avantgarde virtualmente creado por ellos y agregarle RITMO y MELODIA. Con la sumatoria de esos dos simples elementos que aquí prácticamente no se tuvieron en cuenta, King Crimson reescribirá su historia con un sucesor espectacular. Pero para eso falta aún un año.

"Sundown dazzling day, gold throught my eyes"
1) Red; 2) Fallen Angel; 3) One More Red Nightmare; 4) Providence; 5) Starless.
mejor canción: Starless
Señores,
éste es el álbum. Esto es exactamente lo que el mundo esperaba de Fripp,
Wetton y Bruford (Cross ya está en retirada) desde el gran Lark's Tongues In
Aspic. Luego de los fallidos Lizard y Islands, aquel álbum
fundamental había recuperado la fe de los fans en el enorme
potencial que King Crimson podía dar si se lo proponía. De esa manera dejaban
la puerta abierta a más y mejores álbumes, más y mejores innovaciones,
generando expectativas acerca de qué se podía llegar a hacer con este estilo
tan particular y tan novedoso de rock llevado a sus extremos más perfectos y
creativos. No es que Lark's Tongues no fuera lo suficientemente creativo
o arriesgado, pero el pensamiento final que me produce es: "Hum,
interesante... ¿Qué sigue?", como si aquello fuera solo una muestra de
algo aún más grandioso que viene en camino.
En
ese sentido, el sucesor Starless And Bible Black fue una desilusión
debido a que mostraba a los miembros del cuarteto haciendo experimentos
autocomplacientes y vacuos que poco tenían que ver con la justeza y la
precisión del álbum anterior. En Red, en cambio, el grupo finalmente
deja de lado sus vicios de improvisación errática y se decide a explotar a
fondo todas las posibilidades que tenían en cuanto a técnica y capacidad
compositiva y el resultado, gente, es, no solo el álbum de estudio definitivo
de King Crimson sino uno de los más influyentes y definitorios discos de la década
del 70. Tiene todo: hay grandes
canciones, rockea más pesado y mejor que cualquier banda de heavy metal y sus
atmósferas oscuras y ominosas pegan sin piedad. Hay incluso algunos que ven aquí
el inicio de todo el movimiento grunge/rock alternativo (Nirvana, Alice In
Chains) manifestado unos diez años antes de su aparición. Interesante.
Más
interesante aún es que Red logra la milagrosa y perfecta combinación
que Crimson necesitaba para finalmente despegarse del fantasma de In The
Court Of Crimson King y convertirse definitivamente en una banda totalmente
nueva y pionera en caminos inimaginados. El excelente combo de la guitarra
abrasiva de Fripp, el bajo notable de Wetton y la percusión virtuosa de Bruford
se encuentra acá con otros ingredientes un tanto ausentes en los dos trabajos
anteriores como son la melodía y la estructura. En lugar de sentarse con los
instrumentos y simplemente joder hasta que saliera algo más o menos publicable,
se nota a leguas que en este caso los tipos se pusieron las pilas y se quemaron
los sesos para efectivamente COMPONER grandes canciones, estructurando
cuidadosamente cada sonido, inventando melodías vocales memorables y riffs
demoledores y desarrollando paso a paso las ideas hasta alcanzar su punto justo.
Y es sencillamente fantástico: un álbum que rockea con una furia intimidante
(El más rockero de King Crimson) pero que además lo hace con muchísima
libertad creativa, de una forma que el prog y el hard-rock jamás habían visto
antes. Porque Red es básicamente eso: una felicísima fusión entre
hard-rock, metal y prog que ningún otro grupo de entonces o de ahora soñaría
con igualar.
Pero
quizá lo más fascinante de Red es que no solo se trata de la expresión
más acabada de la segunda encarnación de King Crimson, sino que además
incorpora felizmente elementos de sus primeros álbumes, redondeando una suerte
de sumatoria de todas las facetas que abarcó el grupo en su carrera hasta la
fecha. Vuelven los saxofones enloquecidos y los melotrones sinfónicos, que
junto a los típicos riffs virtuosos de Fripp resumen un sonido que te tiene que
volar la cabeza sí o sí, alcanzando la mayor gloria en la fantástica Starless,
seguramente una de las canciones definitivas del rock progresivo en general.
El álbum tiene solo cinco canciones, todas más o menos similares en estilo y
tono pero impecablemente compuestas e interpretadas con una potencia
interminable que hace que cada una de ellas se te clave en la yugular como un
hacha sedienta. La menos contundente de las cinco es Providence,
otro de esos jams sin estructura y traídos de los pelos que no parecen ir a
ningún lado más allá de su atmósfera maligna y sus riffs aleatorios. En
Starless And Bible Black no hubiera desentonado, pero acá aparece
un poco fuera de lugar entre las joyas que la rodean. No me disgusta, porque
dentro de todo es uno de los mejores jams de este tipo que podemos escuchar de
Crimson, pero domina en mí la plena certeza de que no tiene nada que hacer en
este álbum. Es sencillamente una cosa REDUNDANTE. Para este tipo de cosas ya
tuvimos suficiente en Starless And Bible Black y Providence no
enseña nada que no hayamos visto en ese álbum.
Pero
el resto de las canciones son espectaculares, empezando por Red, la que
da nombre al álbum. Más que una canción se trata de una colección
instrumental de riffs bien pesados y bien distorsionados construyendo la tensión.
Para algunos el tema no desarrolla suficientes ideas como para extenderse
durante seis minutos ya que, en definitiva, se basa en la repetición del mismo
riff una y otra vez. Pero ¡Qué
riff! (temo no haber sido lo suficientemente enfático), ¡¡¡QUE RIFF!!! ¿No
es cierto? Ojalá YO pudiera hacer una canción con un riff así repitiéndose
todo el tiempo... Es una cosa monstruosa y pesadillesca que parece aumentar en
vigor y tensión con cada minuto. Cada vez que reaparece el riff principal
(luego de algún que otro intermezzo) da la sensación de que se lleva todo por
delante elevando la melodía a proporciones cuasi-sinfónicas que nos aplastan
como si fueramos moscas. De especial mención me parecen las líneas de bajo...
sobre todo en el momento en que tira esas notitas agudas en la conclusión del
tema principal. Aún más estimulante me resulta Fallen Angel una balada
magnífica y oscura cuya combinación de melodía, poesía y riffs anormales se
revela completamente devastadora. Comienza como una pieza de melotrones y
guitarras acústicas bella y melódica, pero no demasiado sobresaliente. Hasta
que de repente entra arrastrándose maléficamente otro ESPECTACULAR riff de
Fripp para elevar todo a otra altura. Y ahí si empieza la cosa: trompetas,
guitarras distorsionadas, saxofones y un desgarrador “Faaaaaaaallen
Aaaaaaaangel” para completar un panorama escalofriante, apocalíptico y oscuro
que no puedo comparar con nada. Después la guitarra de Fripp empieza a destilar
las melodías más hermosas y conmovedoras una tras otra... ah no... ¿Para qué
seguir? Escuchen el tema ustedes mismos.
Pero
mi favorita de este trío inicial es sin dudas One More Red Nightmare, un
rock viceral e inclasificable sobre el miedo a volar que lo tiene todo. Un riff
asesino que pisa como docientos dinosaurios, un ritmo enloquecido donde Bruford
humilla a casi todos los demás bateristas, una melodía vocal pegadiza y frenética
acompañada de forma PEFERCTA por una contramelodía de la guitarra de Fripp y
un jam intermedio donde saxofones y guitarras varias crean un clima
maravillosamente opresivo, similar al de Red, pero distinto.
Pero el plato fuerte del álbum, la razón de su existencia, es indudablemente la última canción, Starless, un verdadero HIMNO épico del rock progresivo y seguramente la obra cúlmine de toda la historia de King Crimson. En sus doce minutos funciona como una síntesis perfecta de todos los aspectos musicales que la banda supo encarar en su historia y no conforme con eso entrega una melodía eterna y la mejor progresión instrumental jamás concebida en términos de música popular. Empieza como una balada gloriosa donde el grupo retoma el sinfonismo puro de sus primeros años y donde Fripp logra un tono similar al de Epitaph en una melodía hermosa, triste, desolada y noctura que me encoje el corazón y llena mis sesos de imágenes. Imagino una ciudad inmensa y sin fronteras (En mi caso Buenos Aires, pero lo mismo da) sumida en la oscura noche, edificios a lo lejos, algunas ventanas todavía iluminadas y las estrellas contemplando desde lo infinito; sitúo cada una de esas almas humanas recluidas en sus casas o en la soledad de las calles y evoco todas las miserias, todas las pesadillas, todos los miedos que se entretejen en secreto bajo esta monstruosa e ininteligible fachada. Es desolador, pero hermoso. Los lujosos y sensuales saxofones solo le agregan más tintes de tragedia al tema, que solo por esta parte introductoria merece una reverencia incondicional. Pero, contradiciendo a Buggs Bunny, ESO NO ES TODO AMIGOS.
Después de esta pintoresca y poderosa imagen, Fripp decide meternos de lleno en
la pesadilla y para eso recurre a uno de los pasajes de música más demoledores,
brutales y positivamente paranoicos que escuché en mi vida. Todo empieza con una
guitarra como tildada en UNA nota, algo atípico para Fripp. A ese simple motivo
se le van sumando pequeñas cosas como un bajo oscuro y efectos percusivos
varios. La tensión va creciendo de a poco y nada la puede deterner: el sonido se
va haciendo cada vez más monstruoso y tenebroso hasta que la canción explota en
un solo de saxofón COMPLETAMENTE INSANO y un riff llevado al extremo de la
distorisión y la abrasividad. Estamos viajando a una velocidad enloquecida en el
corazón de la locura urbana: es el sonido perfecto de la perdición. Y para el
final la canción retoma la hermosa melodía inicial, pero esta vez canalizando
toda la energía crucial de la canción... y el efecto es una de las cosas mas
catárquicas y emocionantes grabadas en disco; como una analogía del “finale” de
la 9 sinfonía de Beethoven en el mundo del rock. Todo dicho.
Más allá de sus defectos (poca versatilidad, un tema poco recomendable) Red es uno de esos álbumes que expresan el fin último de un grupo de música, la epítome de un paradigma, todo aquello con lo que siempre soñó y persiguió. No es raro que después de este disco la banda se disolviera y no reapareciera sino hasta seis años después con una formación nueva, un estilo totalmente renovado y un paradigma sustancialmente distinto. Después de un disco como Red, cualquier cosa corría serios riesgos de sonar trivial.

"Heat in the jungle streets"
1) Elephant Talk; 2) Frame By Frame; 3) Matte Kudasai; 4) Indiscipline; 5) Thela Hun Ginjeet; 6) The Sheltering Sky; 7) Discipline.
mejor canción: The sheltering sky
Discipline significa dentro de la carrera de King Crimson una nueva bisagra estilística, no tan abrupta y significativa como lo fue Lark's Tongues, pero lo suficientemente ostensible como para tomar por sorpresa al mundo del rock. Luego de algunos años de silencio (seis para ser precisos), inspirado por sus trabajos como sesionista con los innovadores Talking Heads, Robert Fripp decide volver a la carga con SU banda y recluta un combo variopinto de músicos nuevos: Bill Bruford sigue en la batería; Tony Levin en bajo, quien había tocado con Peter Gabriel y Paul Simon y el psicótico guitarrista Adrian Belew, que venía de colaborar con Frank Zappa, David Bowie y Talking Heads. Tal mezcolanza de músicos reunidos casi artificialmente podría haber tenido un resultado dispar e incongruente pero... los cuatro talentos se fusionan de forma milagrosa y la cosa no solo funciona, sino aportan al mundo de la música un combo totalmente demoledor y perfecto. El resultado es uno de los discos más increíbles de la década, absolutamente inimitable.
No voy a decir que Discipline es algo completamente original o revolucionario como lo era, por ejemplo, Larks' Tongues In Aspic. El contenido es, como siempre, fuertemente experimental y anti-comercial, casi de laboratorio científico más que de estudio de grabación. Esta vez King Crimson pone gran énfasis en lo rítmico, incorporando influencias muy fuertes de la música étnica (world-music, como lo llaman) y, especialmente, de la new-wave, más todo un tratamiento de la guitarra eléctrica, a cargo de la dupla Fripp - Belew, totalmente vuela-cerebros y fuera de lo común, con melodías insólitas y rítmicas de gran velocidad que van disociándose y confluyendo cada determinado número de compases, escalas imposibles, tormentas eléctricas y virtuosismo en alto grado... En esencia, los trucos guitarrísticos no están alejados de lo que ya habíamos admirado en Lark's Tongues In Aspic y Red, solo que esta vez se hallan atravesados por los correspondientes matices new-wave a lo Talking Heads y The Police aportados por Adrian. En efecto, Discipline podría considerarse un álbum hecho y derecho de la new-wave, e incluso por momentos las influencias de los Talking Heads se hacen indisimulables (especialmente en temas como Elephant Talk y Thela Hun Ginjeet). Sin embargo, sería exagerado decir que se trata de una mera copia; después de todo el estilo guitarrístico de Fripp y el tono psicótico de Belew son únicos y la única forma de encontrarlos en un álbum de los Heads, es en las colaboraciones que los mismos Fripp y Belew hacen en las canciones de Byrne y compañía.
La labor de Bruford, previsiblemente, es admirable ya que su ritmo, también complejo, brilla y atrapa en todas las canciones, aún con percusión sintetizada, demostrando que los siete años de descanso no habían afectado en nada su enorme talento desde Red. Tony Levin también gana su notoriedad gracias al uso de una gran variedad de bajos, incluido un instrumento llamado "Stick" (vara) de diez cuerdas que le permiten elabrorar líneas de ilimitada complejidad. Pero uno de los highlights más atractivos está en la particular voz de Belew que no solo es espectacular y versátil sino que pega definitivamente con la música. Y por último, Discipline marca la primera vez que King Crimson hace pop, influencias traídas también por Belew. Pero a no confundirse; es una especie de pop experimental y muy atmosférico cuya calidad y profesionalidad sobrepasa absolutamente cualquier otra cosa "pop" en la que podamos pensar. Es pop de calidad y aparece en toda su forma solo en un par de canciones. Aunque esto hace que, en comparación con cosas como Lark's Tongues In Aspic, Discipline sea relativamente accesible, no se trata de una escucha muy sencilla; es un álbum que tiene sus temas abrasivos (Indiscipline) ácidos (Elephant Talk) y densos (The Sheltering Sky), mezclados con otros relativamente más livianos (Matte Kudasai). No importa si son raros o livianos, todos los temas se irán metiendo en tu cabeza a medida que lo vayas escuchando. Es el tipo de álbum novedoso e imaginativo que llena de emoción en cada nota; pocas veces se publica algo tan nuevo, tan innovador, tan original y que al mismo tiempo el contenido sea musical y no un mero rejunte de efectos extraños de sonido.
Y lo que más me seduce del álbum es que las siete, TODAS, las canciones no solo tienen su atractivo sino que son uniformemente excelentes, todas ellas, aún cuando se puede sentir claramente que un mismo estilo, un mismo patrón las corta por el mismo lado. Esto quizá no lo hace el álbum más variado, pero te aseguro que a pesar de eso cada canción tiene los suficientes elementos distintivos, trucos y matices, como para diferenciarse y entretener como si fuera un juego divertido. El groove psicótico Elephant Talk abre el disco de manera extravagante y genial, lo que se escucha en los primeros segundos augura la presencia de algo único y especial, hay que poner atención. El canto de Adrian (imitando a David Byrne) es maravillosamente maníaco, los sonidos nuevos se suceden uno tras otro y la excelente pista rítmica nunca decae. Frame By Frame es aún mejor, una verdadera joya que combina las típicas progresiones virtuosas de Fripp con las más increíbles vocales de Belew, elevando aún más el nivel del álbum. Lo que me seduce especialmente en Frame By Frame es la expresividad en la voz de Belew cantando una sublime melodía pop y cómo ésta se acopla perfectamente y sin estrecheces al IMPOSIBLE y complejísimo trasfondo musical. La siguiente Matte Kudasai es una imponente balada surrealista con una melodía intensa y exuberante sobre una pista musical nuevamente increíble. Es el único tema claramente pop del álbum, y me atrevería a decir también una de las baladas más espectaculares jamás compuestas; definitivamente no has escuchado nada como esto en tu vida. Llega Indiscipline nos encontramos con una canción tortuosa, la más heavy y la que más remite a Lark's Tongues In Aspic, repleta de violentos trallazos metálicos y un monólogo recitado de Belew directamente esquizofrénico y lunático. El disco no tiene intenciones de dar respiro y enseguida llega la brillante Thela Hun Ginjeet, un jam rítmico casi ritual, prodigioso; un groove a lo Talking Heads absolutamente demoledor (para mi gusto, muy inspirado en su tema Stay Hungry), vibrante, con un ritmo frenético que podría poner un muerto de pie. Es de esas canciones excelentes para pasar en un boliche y que la gente baile y que uno no comprende por qué no se pasan; es un ensayo que mezcla música ética tribal, increíbles efectos electrónicos, truquitos de guitarra por doquier y un poder rockero fenomenal; es como música electrónica pero tocada por hombres de carne y hueso con instrumentos de carne y hueso.
Mi favorita del álbum (si es posible tener una favorita aquí) es The Sheltering Sky, que representa la faceta más reflexiva y atmosférica del álbum; un tranquilo ritmo pseudoafricano sirve de plataforma para un despliegue de sonidos y frases maravillosas y profundas que lo sumergen a uno en un viaje delirante y sublime. El ambiente que logra es tan fantasmagórico, tan de otro planeta y otra dimensión y los efectos musicales tan sublimes que no me queda otra que considerarla mi opción para mejor canción del disco: me encantan los sutiles rasgueos de guitarra que comienzan la canción y que reaparecen al final con gran efecto, el solo eléctrico levemente desafinado pero misterioso y la parte media donde nubes de suave sonido ascienden y descienden mágicamente dándonos la ilusión de flotar en espacios lejanos y desconocidos... Pensar que todo esto se hizo con guitarras. ¡Genial! Finalmente llega Discipline, un instrumental un tanto monótono pero con un ritmo impecable, presente en las guitarras y en la espectacular batería, que no declina jamás y que tras la aparente simplicidad y monotonía se esconde un mosaico supercomplicado de pequeñas variaciones, giros, espirales, estamentos de música que te harán girar el cerebro como un trompo. Realmente vale la pena. En algunas ediciones (la mía por ejemplo) se incluye una versión alternativa de Matte Kudasai casi idéntica a la titular.
Las palabras sobran. Es un disco vanguardista, moderno, asombroso y parejo que hay que escuchar. Uno de los puntos más altos de una década pesadillesca para la música rock.

"I need to feel your heartbeat so close it feels like mine"
1) Neal & Jack & Me; 2) Heartbeat; 3) Sartori In Tangier; 4) Waiting Man; 5) Neurotica; 6) Two Hands; 7) The Howler; 8) Requiem.
mejor canción: Heartbeat
O
Discipline Parte 2. Si todavía no tienes Beat en tu discografía,
¿Pues qué esperas? Solo necesitas copiarte Discipline (que seguramente
ya lo tienes), reemplazar la cubierta bordó por la azul de Beat y chau,
ya tienes tu álbum nuevo. No se sorprendan por la dureza de mi comentario
amigos: es que para ser totalmente francos y directos, este álbum no es
más que un calco de su predecesor. Ok, dejaré abierta el crédito a que sea un
poco más que eso, pero la verdad inobjetable es que, estilísticamente
hablando, Beat es una evidente continuación, una extensión de las ideas
musicales ya presentadas en Discipline, esa fantástica mezcla de
new-wave, avant garde y ritmos étnicos. Como diciendo “Eh muchachos, sigamos
con lo mismo que vamos por el buen camino”.
La
mayoría de las veces, estos intentos obvios de replicar exactamente álbumes
exitosos suelen ser irritantes, lastimeros y fracasados. Pues bien, diría que
no es este el caso; escuchar Beat no me produce ningún rechazo en ese
sentido. Porque si bien es cierto que copia el estilo de Discipline casi
al pie de la letra y que las canciones de Beat tienen una analogía clara
con sus pares del álbum anterior, también hay que admitir que dicho estilo es
tan sorprendente, tan original y se abre a tantas variantes que sería idiota
suponer que un solo álbum de siete canciones lo agota y le saca todo el jugo a
tantas ideas. Para nada, luego de Discipline yo me quedé con ganas de más
carne y quién sino Beat para dármela. En definitiva: es una copia de Discipline,
pero está todo bien; es así como tenía que ser.
Y
de paso nos propone un interesante juego de “Las 7 diferencias”. En este
caso no creo que lleguen a siete, pero sí alcanzo a discernir algunas características
importantes que lo diferencian ostensiblemente de papá Discipline. La primera
diferencia que noto, y esta vez también es un problema, es que a nivel
compositivo Beat no está ni por las tapas a la altura de su antecesor.
Mientras en Discipline cada una de las canciones era virtualmente una
joya de la experimentación que nos sorprendía y excitaba a cada compás, aquí
la cosa empieza a sonar un tanto hueca y redundante. Sí, es el mismo tipo de música,
pero parece que en este caso las nuevas y buenas ideas aparecen más esparcidas,
mientras que las vacantes aparecen rellenadas con reciclajes no muy convincentes
de ideas anteriores. Esto repercute notablemente en la calidad general de las
canciones que, salvo un par de excepciones, son pálidos reflejos de las siete
gemas de Discipline. Era previsible en un álbum de tan pesada herencia,
pero creo que se podrían haber esforzado un poco más.
Otra
diferencia es que de a poco King Crimson va reentrando en su vieja dicotomía
entre canciones “accesibles y pegadizas” y canciones “experimentales y
abrasivas”, otro retroceso con respecto a Discipline donde los siete números
se las ingeniaban para lograr un equilibrio fantástico entre ambas tendencias.
Aquí tenemos números pop mezclados sin cohesión alguna con delirios apenas
escuchables y les digo que la experiencia se disuelve en el estómago con mucha
más dificultad. Los temas más accesibles son el aspecto más brillante de Beat,
pues realmente son una bocanada de aire fresco, melodías deliciosas y arreglos
increíbles que demuestran gran madurez en este King Crimson; ya no parecen un
grupo de científicios del sonido sentados a ver qué cosa rara pueden
inventar... ahora hay como un objetivo más claro y una intención de llegar a
las fibras del oyente más allá de la virtuosidad de sus complejos arquetipos sónicos,
es decir, ahora las cosas empiezan a tener SIGNIFICADO emocional y social más
interesante. ¿Vendidos? No lo creo, no pueden eternamente cantar “Taaalk is
only taaaalk” si quieren ser tomados en serio. Por su parte los números más
avant-garde (tendencia que no se dio realmente en Discipline) me aburren,
eso ya quedó atrás en Starless And Bible Black. Suficiente Fripp... eso
sí que se agotó.
Pasemos a la canciones pues. Cualquier intento de diferenciar a Beat con Discipline se nos viene virtualmente abajo en las primeras notas de Neal, Jack And Me, pues se trata nada más y nada menos que el riff EXACTO de la canción Discipline. O sea, muy disimulados no son. El primer tema del disco empezando de la misma forma que había terminado el álbum anterior... es como decir a grito pelado “Escuchen todos, no tenemos NINGUNA intención de hacer algo distinto”. Más allá de esto, Neal, Jack And Me es un buen tema, incluso tomado como la versión con letra de Discipline (que lo es). Pero los puntos verdaderamente altos del álbum vienen después con Heartbeat, una balada new-wave EXQUISITA, con una melodía hermosa, un bajo espectacular y una guitarra de otro planeta... ¿Quién lo hubiera imaginado? ¡King Crimson haciendo la canción romática perfecta que le va a gustar hasta a tu novia! (Aún si no has tenido la suerte de encontrar una novia con criterio musical) JAJAJA. Más de un fan temblará de espanto, pues Heartbeat es lo más mainstream y comercial que ha llegado un grupo con Fripp a la cabeza, pero qué importa. Ellos se lo pierden. No menos excelente resulta el instrumental Sartori In Tangiers (con una intro que me recuerda a la sección media de Fools de Deep Purple) que mezcla el tono de guitarra de The Sheltering Sky con los juegos percusivos de Thela Hun Ginjeet para gran efecto, incluida una estupenda sección relajante en el medio. Waiting Man y Two Hands son dos baladas brillantes, y las últimas canciones más o menos normales que ofrece Beat. Waiting Man es una balada revuelta y caótica, llevada por un riff alucinante que jamás diría que fue hecho con guitarras eléctricas y manos humanas; Two Hands es aún mejor, gracias a una hermosa introducción poderosamente evocativa y a una fantástica performance vocal de Belew; es la Matte Kudasai del álbum y resulta casi tan buena como aquella.
Después quedan tres canciones medio chillonas que no me gustan mucho. Neurotica es, tal como su nombre bien indica, una cosa neurtótica y paranoica que aporta una buena pintura sonora sobre la locura en la ciudad, pero en definitiva se trata de una segunda Indiscipline y el resultado es poco satisfactorio; muy difusa y poco enfocada. The Howler y Requiem son aún peores, aportando una serie de devaneos atonales que pueden tener sus cosas más o menos interesantes cuando los estamos escuchando, pero que en definitiva cansan y aburren y se olvidan con suma rapidez. Estas tres canciones son el punto flojo del álbum, sin dudas.
Si te gustó