PINK FLOYD

Richard Wright: teclados y voz / David Gilmour: guitarras y voz / Roger Waters: bajo y voz / Nick Mason: batería 

Syd Barret: guitarras y voz (hasta 1968)

ÍNDICE

TEMAS SOBRESALIENTES

        - Introducción

1967 - The Piper At The Gates Of Dawn

1968 - A Saucerful Of Secrets

1969 - More

1969 - Ummagumma

1970 - Atom Heart Mother

1971 - Meddle

1972 - Obscured By Clouds

1973 - The Dark Side Of The Moon

1975 - Wish You Were Here

1977 - Animals

1979 - The Wall

1983 - The Final Cut

1987 - A Momentary Lapse Of Reason

1988 - The Delicate Sound Of Thunder (live)

1994 - The Division Bell

1995 - P.U.L.S.E (live)

2000 - The Wall Live

 

SINGLES y ARCHIVOS:

1971 - Relics

1992 - The Early Singles

 

COMPILADOS DE HITS:

1981 - A Collection Of Great Dance Songs

2001 - Echoes

 

BOX-SETS:

1992 - Shine On

 

CONCIERTOS:

Concierto de Roger Waters en Buenos Aires (07/03/2002)

Astronomy Domine (The Piper At The Gates Of Dawn)

Lucifer Sam (The Piper At The Gates Of Dawn)

Let There Be More Light (A Saucerful Of Secrets)

Set The Controls For The Heart Of The Sun (A Saucerful Of Secrets)

One Of These Days (Meddle)

Echoes (Meddle)

Time (The Dark Side Of The Moon)

Money (The Dark Side Of The Moon)

Brain Damage / Eclipse (The Dark Side Of The Moon)

Shine On You Crazy Diamond (Wish You Were Here)

Wish You Were Here (Wish You Were Here)

Dogs (Animals)

Pigs (Three Different Ones) (Animals)

Sheep (Animals)

Another Brick In The Wall (part 2) (The Wall)

Hey You (The wall)

Confortably Numb (The wall)

Learning To Fly (A Momentary Lapse Of Reason)

Arnold Layne (Relics)

See Emily Play (Relics)

Careful With Tha Axe, Eugene (Relics)

 

INTRODUCCIÓN

 

próximamente

 


 

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The Piper At The Gates Of Dawn – 1967

8+/10

"You can't see me but I can you"

1) Astronomy Domine; 2) Lucifer Sam; 3) Matilda Mother; 4) Flaming; 5) Pow r. Toc h.; 6) Take Up Thy Stethoscope And Walk; 7) Interstellar Overdrive; 8) The Gnome; 9) Chapter 24; 10) Scarecrow; 11) Bike.

mejor canción: Astronomy domine

1967 fue el año más psicodélico de todos los tiempos. Los Beatles aparecieron con Sgt. Pepper's y como aquello no resultó lo suficientemente fumado sacó Magical Mystery Tour unos meses después. Los Stones no quisieron ser menos y editaron el muy criticado pero aceptable Their Satanic Majesties Request llegando a extremos de experimentación aún más peligrosos que los Beatles. Ni hablar de que los principales grupos "heavy" del momento como Hendrix y Cream incluyeron matices fuertemente psicodélicos en sus obras, ni hablar del debut de los Doors con canciones como The End y Crystal Ship, y ni hablar de la costa oeste estadounidense donde al parecer todo el mundo se estaba intoxicando con LSD y aparecían grupos como Jefferson Airplane y discos como Surrealistic Pillows. Pues bien; todos estos grupos con sus experimentos amenzantes y delirantes son pequeñas criaturas ingenuas al lado de PInk Floyd y su revolucionario The Piper At The Gates Of Dawn. El lado más oscuro, el más violento, el más peligroso, el más INSANO de la psicodelia británica explota como una bomba de clavos en este álbum de la mano de un tal Barret. Syd Barret, para ser más preciso, que no era un inglés más transitoriamente jugando con la psicodelia, sino que era un lunático esquizofrénico inmerso en quién sabe qué mundos lejanos.

Es bastante común que algunos se babeen sobre el álbum proclamándolo una de las obras experimentales más geniales de todos los tiempos. Para estos oídos (los míos, claro) en cambio, el álbum está sobrevalorado. Claro, su caracter completamente revolucionario ayuda, pero en cuanto a solidez compositiva y valor de entretenimiento la verdad es que se estanca en varios puntos. A veces The Piper At The Gates Of Dawn me desconcierta: por momentos me parece un genial e inagotable caleidoscopio de sensaciones, desbordante de creatividad y pletórico en imaginación; otras veces me pregunto si estos experimentos vagos, extremos, repletos de onomatopeyas y cacofonías extravagantes y en ocasiones casi carentes de musicalidad, por desafiar las convenciones establecidas son más meritorios que los intentos más cohesivos, amplios, y rockeros si se quiere, de Dark Side Of The Moon y Wish You Were Here. 

Particularmente no me parece que Syd Barret, cerebro total del álbum, sea tan genial como se dice; era un gran compositor de canciones psicodélicas, por supuesto, pero difícilmente alguna de sus creaciones merezca mayor atención más allá del armazón de efectos psicodélicos que las recubren (Bike, Interstellar Overdrive). Claro... objetarán con razón que estas canciones valen en un 90% por sus arreglos psicodélicos y que pretender que se valgan sin ellas es como pretender que Stairway To Heaven salga a flote sin su solo de guitarra, sin sus flautas y sin sus acordes psicodélicos. Es cierto: estas canciones no fueron pensadas como lo último en genio compositivo, sino como lo último en arreglos bizarros. El inconveniente es que estos arreglos bizarros a veces como que no van a ningún lado y las atmósferas no son todo lo fuertes e interesantes que deberían.

Pero Piper no merece realmente ser despreciado como una mera curiosidad bizarra. En Sgt. Pepper's y sus principales secuelas, el concepto de psicodelia es solo una mano de pintura, un ornamento incidental, que recubre temas en esencia convencionales. En The Piper At The Gates Of Dawn lo psicodélico no es solo eso, sino la esencia de los temas mismos. Son canciones que son psicodélicas desde su misma raíz, y si le quitas "lo psicodélico" no nos queda nada. No hay canciones que sean inolvidables como canciones; lo que impresiona del álbum, y lo que constituye su principal mérito, es el desparpajo admirable con el que Barret y compañía cantan y tocan cosas que casi nadie en su momento se atrevería a cantar o tocar; violan las estructuras, desafían los convencionalismos y retuercen los esquemas como nunca nadie había intentando antes: The Piper At The Gates Of Dawn deja absolutamente en ridículo a cualquier intento psicodélico de la época. No porque sea más disfrutable o sólido sino porque se anima a ir mucho más allá, cruzando peligrosamente canciones infantiles inocentes con delirios propios de un cometa asesino viajando a la velocidad de la luz por el hiperespacio.

La distancia de este Pink Floyd con el más clásico y de Waters es abismal: aquí nada de esperar pasajes monumentales o plácidos comandados por fluidas guitarras eléctricas, potentes ritmos o climáticos teclados, no-no-no-no. El oyente tiene que estar bien preparado para viñetas psicodélicas chocantes la cual más disparatada y novedosa, plagadas de susurros reverberantes, órganos góticos que viborean azarosamente por el aire, arremetidas esquizofrénicas frenéticas, melodías disparatadas que parecen no venir de ni ir a ningún lado y guitarras que escupen inesperadamente los acordes más trasnochados. El álbum es único, es un crisol de sensaciones inimitable. Quizá los incondicionales del rock progresivo y sinfónico se quedarán con las ganas de escuchar algo más potente, acequible y roquero como lo es lo más tradicional de Pink Floyd, pero este álbum tiene una originalidad tan espectacular que no recomiendo desdeñar así por las buenas. Obviamente, a veces TANTA locura y falta de dirección clara en las melodías y riffs puede tornarse corrosiva para los nervios, por eso no puedo contar este álbum entre los favoritos. Amo lo experimental, pero mucho más cuando se lo conjuga con el concepto de "accesibilidad".

A mi juicio las mejores y más disfrutables canciones aparecen apenas empieza el disco. La seguidilla que componen los tres temas iniciales es clásica. La genial Astronomy Domine es lo más recomendable de todo el set. Un fade-in terrorífico, un riff que parece decir de entrada: "GUARDA QUE ESTAMOS TRATANDO CON COSAS JODIDAS" y una melodía vocal extrañísima que parece inventada sobre la marcha. Al principio esta melodía me ponía sumamente nervioso, odiaba que fuera totalmente impredecible, que no pudiera saber a dónde apuntaba. En general nuestro cerebro siente placer cuando una melodía lo conduce por caminos previsibles y luminosos, donde uno puede ir adivinando una secuencia de acordes lógica, donde lo que se cantó de una forma se volverá a cantar igual la siguiente vez. Por eso estas melodías, y sobre todo la de Astronomy Domine, resultan como un rallador de queso raspado contra nuestra cabeza; es como algo que empieza en un lugar y dispara para cualquier lado sin que podamos controlarlo. Claro que me adapté a esto y disfruto muchísimo, aunque la canción sigue rallándome el cerebro. Casi mejor es la inimitable Lucifer Sam una especie de rocker con un formidable riff psicodélico (lo mejor de todo el álbum sin dudas) que parece al mismo tiempo la banda de sonido de una película de espías y una canción para surfear. Claro que no es ninguna de las dos; es una simpática oda a un gato mágico o algo así. El gancho "That cat's something I can't explaaaaaiiiiin" se te va a quedar en la cabeza, cuiadado. Y Matilda Mother... el ambiente de fantasía y magia que logra este tema es algo que solo puedo comparar con contadísimas canciones; se trata de una encantadora oda a los sueños infantiles plagada de exquisitas armonías y dotada de un misterioso solo de órgano.

A mi juicio, las siguientes canciones no pueden igualar semejante trinidad, pero eso no quiere decir que sean débiles. Flaming es una excelente canción con una de esas melodías rarísimas y hermosas a la vez, que se va repitiendo a medida que se le agregan matices e intrumentos de forma notablemente lograda. La bizarra Pow R. Toc. H ya entra en zonas de patología: chillidos lúgubres, plácidos pianos jazzeros, un jam ruidoso repleto de feedbacks y una majestuosa coda arpegiada. La verdad es que me gusta mucho: es algo que pondría en el stereo del auto para desconcertar a mis amigos. La canción de Roger Waters Take Up Thy Sthetoscope And Walk es la más odiada del álbum y ciertamente los versos son bastante torpes, pero para mí el jam trasnochado y ultra-veloz del medio es FANTÁSITICO y definitivamente hace valer la experiencia. Ahora bien, todas estas son canciones para adolecentes enamoradas comparadas con Interstellar Overdrive, la madre de todos los delirios psicodélicos y avant-garde, la canción más positivamente amenazante y violenta del álbum. Su principal atractivo es ese riff ANTOLÓGICO, una cosa ácida e insuperable que transmite una sensación de amenaza brutal. Pero después de ese riff la canción no entra en los terrenos que uno espera, sino que se inclina hacia los extremos más insospechados del universo a través de un desarrollo atonal, amorfo, delirante y tortuoso; los oídos no entrenados no podrán tolerar Interstellar Overdrive entera y particularmente yo no la disfruto, la sufro. Y esto NO ES una crítica; evidentemente esta canción fue escrita para hacer sufrir. El día que me convierta en un alien carnívoro quizá tenga esto en mi walkman, pero por ahora soy un inofensivo hombre de familia y con escuchar esta tortura una vez por año me basta.

Tras esta pesadilla The Piper se pone mucho menos interesante para mi gusto, aunque nunca pierde color. Con The Gnome Barret retorna al mundo de los niños; una melodía saltarina y maravillosamente apropiada para cantar en el jardín de infantes. Algo similar ocurre con Bike, pero esta ya no se si le va a gustar tanto a los niños, porque se va poniendo más siniestra, insana y patológica a medida que avanza. Y las letras son tan dementes que dan miedo, así de simple. En el medio tenemos Chapter 24 quizá lo menos memorable del álbum pero ayudado por una fantástica línea de bajo (presten atención a la línea de bajo y tendrán algo en que ocuparse) y Scarecrow, el único momento más o menos relajante y acústico del álbum.

Y aquí termina nuestro crisol de locura... lo amás o lo odiás. No hay término medio; a lo sumo lo odiás y lo amás al mismo tiempo, como es mi caso. La razón por la cual este álbum es tan dificil al principio es que no lleva al oyente por los terrenos que uno espera. Es como ir por un camino tortuoso que tuerce inesperadamente para el lado menos pensado; eso molesta al caminante (oyente). El oyente quiere oír cosas coherentes. Y si hay un calificativo que ciertamente NO SE APLICA a este álbum es "coherente". Si estás en la vena, esta es una ENORME experiencia que difícilmente olvides, pero es de ese tipo de álbumes que más que lágrimas en los ojos te mete clavos en el cerebro. Una imaginación que vuela alto, quizá demasiado alto.

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A Saucerful Of Secrets – 1968

7+/10

"Little by little the night turns around"

1) Let There Be More Light; 2) Remember A Day; 3) Set The Controls For The Heart Of The Sun; 4) Corporal Clegg; 5) A Saucerful Of Secrets; 6) See-Saw; 7) Jugband Blues.

mejor canción: Let there be more light

Si tenemos en cuenta que este álbum fue publicado solamente un año después de The Piper At The Gates Of Dawn, resulta sorprendente lo diferentes que suenan. No es que haya una zanja descumunal entre ambos; hay varios elementos que permiten identificar que esta es la misma banda que grabó Piper, pero a la luz del poco tiempo que tuvo la banda resulta sumamente interesante observar cómo ya desde 1968 Pink Floyd se aleja de la fórmula inicial y da un paso decisivo hacia lo que será su sonido definitivo (y muy diferente) más adelante.

La psicodelia astral, la imaginería colorinche, el toque demente no han desaparecido por completo, pero han dado un paso al costado. La influencia de Barret, afectado ya completamente por sus míticos desórdenes psicológicos y excesos con la droga, es muchísimo menor que en el disco debut donde había sido el cerebro del proceso creativo: a partir de aquí es Roger Waters quien empieza a tomar las riendas del asunto, y con Saucerful Of Secrets deja de lado las canciones infantiles como Mathilda Mother, Bike y The Gnome y va incorporando de a poco esquemas que tienden a lo obsesivo y lo oscuro, experimentos puramente avant-garde, climáticos crescendos, largos pasajes instrumentales y grandiosidad en el sonido. Todos ellos elementos fundamentales del clásico sonido Floyd de los 70, aunque aun muy lejos de su pleno desarrollo y todavía intercalados con el aura vanguardista, underground y esquizoide propia de la primera etapa del grupo. La psicodelia pura del álbum anterior solo se hace presente a través de las dos composiciones de Rick Wright, Remember A Day y Jig Saw.

Para cocretar la reforma estilística que tenía en mente, Waters contrata al guitarrista Dave Gilmour, compañero de estudios de Barret. Gilmour, su voz y su distintivo estilo serán una pieza central del Pink Floyd clásico ulterior, pero aquí en A Saucerful Of Secrets su presencia apenas se nota, participando solo en las canciones donde no participa Syd Barret, sin madurar sus clásicos solos y sin cantar aún. Todavía sigue siendo más notable la presencia de Barret quien, a pesar de tener solo un crédito compositivo en todo el álbum, pone su voz en la mayoría de las canciones y su esquizofrénica guitarra. Es el único trabajo de la historia de Pink Floyd que cuenta con la participación (aunque no conjunta) de los cinco miembros históricos del grupo.

En cuanto a calidad se refiere, A Saucerful Of Secrets es un álbum bastante dispar que comienza en perfecta forma pero que a medida que avanza va cayendo en terrenos cada vez menos inspirados e interesantes, cerrando con una de las peores canciones de la historia. En rigor, esta evidente irregularidad lo pone por debajo de Piper a mi juicio, pero personalmente disfruto de ambos por igual e incluso a veces prefiero Saucerful que en definitiva no te quema tanto la cabeza con delirios ácidos, optando por un sonido más reptante, más atmosférico y bastante más oscuro.

Por suerte, abrimos de forma magistral con la perfecta Let There Be More Light, firmada por Waters. Recordemos que su único antecedente era la precaria Take Up Thy Sthetoscope And Walk; pues yo diría que SI hubo progreso. El crescendo pesadillesco del comienzo es sencillamente uno de los mejores pasajes de toda la historia de Floyd; tiene un aire malicioso, cruel, oscuro (vaya contradición con el título de la canción) realmente cautivador. Esas primeras líneas de bajo metálicas y punzantes son algo realmente especial para comenzar el disco y demuestran la frecuentemente olvidadada creatividad de Waters como bajista (aunque hay quienes dicen que en realidad Gilmour es bajista en esta canción, sin contar el innegable parecido con el bajo de 2000 Years From Home de los Stones). Al bajo se le van agregando platillos y tenebrosos órganos que crean un paisaje sónico que te volará la cabeza. Los versos y estribillos que le siguen al crescendo se suceden fluidamente con muy buenas melodías y vocales de Wright y Barret con referencias a los Beatles en la letra completando la mejor canción del álbum. El buen nivel se mantiene con la infravalorada Remember A Day de Wright, un excelente corte psicodelia que debido a sus arreglos puede sonar un poco dispersa las primeras veces pero que se vale gracias a una melodía muy fuerte y evocativa, algunos pasajes instrumentales inquietantes que rememoran los mejores momentos del álbum anterior y un piano melancólico y ácido a la vez. La siguiente Set The Controls For The Heart Of The Sun es otra pequeña obra memorable, difícil de digerir y aburridísima a primera oída pero que llega a convencer con el tiempo; su mantra monótona, obsesiva y tensa, subterránea, y misteriosa constituye un logro mayúsculo; logra ser inquietante en su inmaculada quietud, sacude nuestras cabezas de una tensión incomparable, gracias a sus maravillosos arreglos con vibrafónos y toques arábicos. El rocker ácido Corporal Clegg abre magníficamente con unas guitarras eléctricas esquizofrénicas y punzantes que rasgan el aire y rompen todo tipo de culos con su amenzante riff pesado (algo poco común en Pink Floyd); sin embargo tiene una letra sumamente estúpida y el final está sobresaturado con molestas y payasescas cornetitas repetitivas que de alguna manera le quitan vuelo a lo que venía siendo una canción (y un álbum) intachable.

Las cosas empiezan a declinar preocupantemente con la “canción” que da título al álbum, una suite instrumental larguísima y fuertemente experimental de ruiditos y cacofonías varias ¿Debería algo como esto entretenerme o fascinarme? No sé. ¡La mayoría de los críticos lo considera lo mejor del disco! Pero yo lo único que siento cuando lo escucho (si logro mantenerme despierto) es que comparada con temas de misma índole del Pink Floyd temprano (Careful With That Axe Eugene, Echoes, Atom Heart Mother, Interstellar Overdrive, Alan's Psychedelic Breakfast) debe ser de lo más flojo. Sus cuatro movimientos claramente definidos (ruiditos de órgano y campanitas / solo de percusión con disonancias varias / MAS ruiditos de órgano y campanitas / requiem de acordes de órgano) parecen competir entre sí para ver cuál es el más insulso, estúpido y aburrido; mi veredicto es que los cuatro ganan. El último movimiento quizá sea lo más rescatable, debido a que va aumentando el volumen de una forma levemente inquietante, pero más allá de eso la secuencia de acordes es excesivamente simplista y sosa. No es que descarte lo avant-garde, pero prefiero cuando alguien se ocupa de hacer que la cosa suene MAS o MENOS interesante de escuchar; así como está es una verdadera tortura. Por suerte más tarde Pink Floyd empezaría a intuir la VERDADERA forma de hacer una suite realmente impactante (ahem Echoes ahem). See Saw, también de Wright, vuelve a la vena psicodélica, pero aunque su melodía es un poco errática para mi gusto pero tiene al menos unos extrañísimos arreglos con vibráfono que le dan un toque muy demente a lo que en principio es un corte de segunda catergoría. Pero lo peor de todo queda reservado para el final: Jugband Blues, el único aporte de un inoperante Syd Barret, es el tema más incompetente de todos gracias una melodía DEMASIADO estrafalaria que parece inventada en el momento, malas vocales de Syd y un horrendo ensemble de bronces desarticulados. Por qué la mayoría de la gente rescata este tema tan insoportable es algo que todavía no entiendo; Barret haría este tipo de cosas trasnochadas MUCHO más interesantes en su primer álbum en solitario The Madcap Laughs.

A Saucerful Of Secrets mezcla sin desparpajos momentos gloriosos y cosas que deben olvidarse rápido. No es una verdadera joya y es mucho más difícil de escuchar que discos ulteriores como Dark Side Of The Moon o Wish You Were Here, pero aún así constituye un revuelto de cosas raras que puede ser, por momentos, sumamente fascinante y, seguro, distinto a cualquier otra cosa.

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More – 1969

6-/10

"And it's high time, Cymbaline please wake me"

1) Cirrus Minor; 2) The Nile Song; 3) Crying Song; 4) Up The Khyber; 5) Green Is The Colour; 6) Cymbaline; 7) Party Sequence; 8) Main Theme; 9) Ibiza Bar; 10) More Blues; 11) Quicksilver; 12) A Spanish Piece; 13) Dramatic Theme.

mejor canción: Main theme

Para ser el primer LP de Pink Floyd grabado en su totalidad por la nueva banda sin Barret y con Gilmour afianzado en las guitarras, More representa un vuelco estilístico bastante extraño e inesperado que poca relación guarda con la tendencia marcada por el disco anterior, A Saucerful Of Secrets. Cuando parecía que el grupo se encaminaba con seguridad a las grandes progresiones sinfónicas y las densas atmósferas obsesivas, aparece esta verdadera rareza atípica interrumpiendo todos los patrones, desafiando todos los pronósticos y presentando nuevos esquemas musicales bastante alejados de lo que el imaginario popular concibe como "sonido de Pink Floyd". Con este peculiar álbum, el grupo entra en una etapa muy especial de su historia, en la cual una lenta, errática y confusa búsqueda de una identidad musical dará lugar a álbumes tan variados y sorprendentes como extraños e irregulares, al menos hasta la publicación de Meddle

More en realidad no es un proyecto de estudio hecho y derecho, sino un soundtrack especialmente encargado por el famoso cineasta alemán Barbet Schroeder para el film del mismo nombre (cuyo argumento tiene que ver con un viaje iniciático de una pareja a las Islas Baleares, con mucha droga de por medio). Esto explica en buena parte el porqué de la anomalía estilística que presenta el álbum; en vez de continuar desarrollando los esquemas densos y pretenciosos que se insinuaban en A Saucerful Of Secrets, el grupo baja considerablemente el tono y se dedica a componer viñetas musicales muy simples y relajadas cuya función principal es, más que impresionar al oyente, acompañar atmosféricamente las imágenes de la película. Por eso el oyente de Pink Floyd debe estar advertido: no encontrará aquí ni grandes épicas, ni excelentes composiciones revolucionarias, ni sonidos que devoren los sentidos. Tan solo una volátil música de película, que de seguro adquiere su máximo potencial en conjugación con las imágenes visuales para las que fueron pensadas, pero que en disco me dan una sensación general de intrascendencia y falta de entretenimiento.

Esto no quiere decir que More sea malo o que no tenga sus momentos. De hecho, con el tiempo pasé de no tenerle aprecio alguno a disfrutarlo medianamente cada vez que lo escucho, y si uno se acerca al material sin grandes expectativas encontrará unos cuantos momentos sumamente agradables, placenteros y hasta interesantes. Las líneas estilísticas que atraviesan el álbum pueden dividirse en tres: en primer lugar tenemos algunas tonadas acústicas extremadamente sencillas y de marcados aires folklóricos, compuestas por Waters y cantadas por Gilmour (Cirrus Minor, Crying Song, Green Is The Colour, Cymbaline); en segundo lugar aprecen un par de excursiones en el metal y el cock-rock (The Nile Song, Ibiza Bar) y por último encontramos unas cuantas viñetas instrumentales puramente atmosféricas. Como verán, muchos de estos elementos constituyen una anomalía para lo que es común suponer Pink Floyd, pero sin embargo aquí están, existen, y demuestran la enorme versatilidad del grupo. De hecho, el álbum es sumamente variado.

Lo más sorprendente de More pasa por las cuatro baladas acústicas de Waters, quien se revela inesperadamente como un decente artífice de este tipo tonaditas folky. La verdad es que ninguna de ellas es la gran maravilla, pero en general gozan de melodías encantadoras que procuran una atmósfera tristona y relajante a la vez. Los arreglos, por su parte, son llamativamente despojados y sutiles para lo que suele ser la música de Pink Floyd; la voz susurrante de Dave, una guitarra acústica, algún que otro ornamento como flautas o vibráfonos y pará de contar. Ahora, por más raro que parezca en principio este estilo minimalista y folklórico, estas canciones inauguran una tradición a la que Waters, e incluso Gilmour, volverían a recurrir con frecuencia en siguientes álbumes, tal como lo atestiguan Grantchester Meadows, If, Fat Old Sun, A Pillow Of Winds y Pigs On The Wing entre otras. De las cuatro, siempre me gustó especialmente la breve Green Is The Colour, cuyos juegos de guitarra acústica suenan verdaderamente hermosos, y cuya melodía vocal es la más fuerte de todo el álbum. Un suave toque de piano y una flauta psicodélica completan el panorama de una de las mejores canciones del álbum. Sin embargo, la más rescatada en general suele ser Cymbaline, que algunos llegan a considerar entre los clásicos del grupo; personalmente no me entusiasma lo suficiente como para apoyar semejante status, pero confieso que es bastante agradable, sobre todo por sus oscuros acordes menores de piano y su enigmática letra. Cirrus Minor abre el disco con un minuto de pajaritos, antes de que se deslice una hipnótica y sutil melodía descendente, que de a poco se va difulminando en un eco para dar lugar al órgano de Wright y una modesta coda similar a la de A Saucerful Of Secrets; en la misma tónica tenemos Crying Song, que aporta una melodía vocal bastante memorable y algunos toques de vibráfono. En definitiva, las baladas acústicas del álbum son bastante inocuas, pero no puede negarse su encanto y su belleza.

Lo que sí se puede negar es el encanto y la belleza de los experimentos metálicos genéricos de The Nile Song e Ibiza Bar. Quien haya pensado que Pink Floyd podía hacer cock-rock pesado y sudoroso a lo Led Zeppelin cometió un gravísimo error; los riffs de guitarra distorsionada suenan aparatosos y chapuceros, y la voz de Gilmour tratando de cantar como metalero agresivo es un espanto indigerible. Ambas melodías vocales tienen algo de pegadizo en su esencia, no voy a negarlo, pero el bodrio ruidoso que las rodea merece un rápido olvido, por lo tanto haré de cuenta que nunca existieron estas canciones.

Por último quedan las viñetas instrumentales que en algunos casos pasan como meras atmósferas, en otros como vagos experimentos avant-garde y a veces como composiciones progresivas bastante aceptables. Up The Khyber no es más que un breve interjuego de percusión, pianos jazzeros y órganos discordantes que por momentos parece extraído de la suite de A Sacuerful Of Secrets; no es algo que me muera por escuchar todos los días de mi vida, pero reconozco que para una película puede funcionar de mil maravillas y que musicalmente sale parado como un interesante jam avant-garde. Interesante, nada más que eso. Casi en la misma línea estilística está inscripta Party Sequence, que mezcla bongos con flauta durante apenas un minuto que termina antes de que podamos sacar nada en limpio. More Blues, Quicksilver y A Spanish Piece son pura atmósfera incidental de fondo. More Blues no es más que un breve y genérico garabateo blusero de Gilmour y puede irritar bastante los nervios por su ritmo de batería constantemente interrumpido; la tenebrosa Quicksilver apenas pasa por una colección de ruidos extraños que me dan la idea de un loco destrozando un piano en alguna una sala lejana de un manicomio perdido; A Spanish Piece, por su parte, es una aceptable y cortísima viñeta de música típica española, en la que una voz desconocida murmura algunas cosas en castellano, de las cuales solo puedo reconocer un "Más tequila manuel" (Y me parece que ahí hubo una confusión entre México y España). Los dos temas instrumentales más interesantes son Main Theme y Dramatic Theme, ya que ambos presentan las ideas musicales más cercanas al potencial grupal de Pink Floyd. Main Theme, musicalmente lo más satisfactorio del disco, se basa en una línea de bajo reciclada de Set The Controls For The Heart Of The Sun a la que se le van sumando un atractivo patrón rítmico, sonidos extendidos de órgano y un entretenido solo de sintetizador. Dramatic Theme, por su parte, también roba una línea de bajo, esta vez de Let There Be More Light, que solo sirve de plataforma para que David se mande un solo no muy destacable que se desvanece a los pocos minutos.

En fin, More no cabe entre los discos esenciales del grupo y el hecho de estar diseñado casi exclusivamente para acompañar a una película determina que no su música no logre sostenerse por sí misma en la mayoría de los casos. No obstante, quien haya amasado una colección del grupo y tenga casi todo el resto de los discos, no se arrepentirá de agregar esta curiosidad, básicamente por algunos buenos momentos concentrados en los instrumentales grupales y las baladas acústicas de Roger. Por lo menos no es tan aburrido como los más recientes discos del grupo. Y mientras tanto Pink Floyd seguirá buscando su sonido, y con More, el mundo apenas empieza a conocer las alternativas extravagantes que el grupo recorrerá en la empresa. ¡Si no me creen pasemos al siguiente disco! 

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Ummagumma – 1969

7-/10

"Icy wind of night, be gone. This is not your domain"

1) Astronomy Domine; 2) Careful With That Axe, Eugene; 3) Set The Controls For The Heart Of The Sun; 4) A Saucerful Of Secrets.

1) Sysyphus (Part 1); 2) Sysyphus (Part 2); 3) Sysyphus (Part 3); Sysyphus (Part 4); 4) Grantchester Meadows; 5) Several Species Of Small Furry Animals Gathered Together In A Cave And Grooving With A Pict; 6) The Narrow WAy (Part 1); 7) The Narrow Way (Part 2); 8) The Narrow Way (Part 3); 9) The Grand Vizier's Garden Party: Entrance; 10) The Grand Vizier's Garden Party: Entertainment; 11) The Grand Vizier's Garden Party: Exit.

mejor canción: Careful with that axe, Eugene

Llegamos al cuarto disco, esta vez un doble volumen, y Pink Floyd continúa buscando dolorosamente su sonido con resultados de lo más impredecibles. Así como Piper es el disco más psicodélico del grupo, Dark Side es su álbum más pulido y The Wall es su obra más pretenciosa, Ummagumma es lisa y llanamente, el álbum más BIZARRO que Pink Floyd haya pubicado. Realmente me sorprende la paciencia que los sellos tenían con sus grupos en aquella época; hoy en día ningún empresario discográfico en plena posesión de sus facultades permitiría que se publique un sucidio comercial como Ummagumma, y de seguro ya habría despedido a Pink Floyd de una fuerte patada en el trasero. Porque el grupo sigue publicando álbumes pero todavía no tiene una idea clara de qué es exactamente lo que quieren hacer, qué perfil pretenden tener y qué estilo musical desean seguir... De hecho, Ummagumma en su totalidad podría leerse como un claro y poderoso manifiesto de las intenciones del grupo por aquel entonces: "NO TENEMOS LA MAS PUTA IDEA DE QUE HACER".

Lo cual no significa exactamente que los tipos no estuvieran inspirados. No, simplemente tenían dudas sobre su identidad y no sabían para dónde apuntar luego de haber perdido el rumbo con la anomalía de More... o quizá ni siquiera eso; quizá solo querían hacer un álbum BIEN jodido y extraño para confundir a la gente y divertirse un rato, aplazando los planes de desarrollo serio para más adelante. Por lo tanto en Ummagumma solo se dedican a experimentar. Pero cuando digo "experimentar" me refiero a experimentar EN SERIO, no a experimentar como, qué se yo, los Beatles "experimentan" en Sgt. Pepper's o Radiohead "experimenta" en Kid A. Nada de eso; para que se den una idea Piper y Saucerful son COMERCIALES al lado de esto, son baratas y alegres viñetas de FM pop. Ummagumma es POR LEJOS lo más raro, avant-garde, indigerible y experimental de la carrera Pink Floyd.

Aunque me estoy apurando: todas estas generalizaciones se refieren al segundo disco, ya que el primero solo tiene grabaciones en vivo y no guarda demasiados misterios ni rarezas. Son solo cuatro canciones, todas de sus primeros álbumes, extraídas de una serie de conciertos que el grupo dio a medidados del 69 en Manchester y Birmingham. En conjunto no ofrecen el mejor rock en vivo de la historia, pero sí proveen un excelente panallazo de lo que eran los conciertos de Floyd por aquel entonces y en definitiva son una buena excusa (mucho más que el segundo disco) para hacerse con Ummagumma. Lo cierto es que la banda de aquellos años suena fascinante en vivo y uno no tiene que andar preguntándose mucho cuál es el sentido de haber diseñado un álbum doble; las cuatro canciones se convierten en extendidos jams psicodélicos repletos de ruidos de guitarra (que por momentos incluso rockean), progresiones con órganos colorinches y, lo más notable, una sección rítmica inesperadamente devastadora en la que Waters y Mason se revelan más competentes de lo que uno suele creer. Astronomy Domine no suena tan brillante y ajustada como en la toma de Piper, pero sigue siendo Astronomy Domine, y eso significa que sigue siendo un temazo; en todo caso los múltiples trucos nuevos que se mandan Gilmour y Wright, más una piromaníaca performance de Waters en el bajo, le dan una nueva atmósfera más oscura, alienígena y por momentos más rockera. Pero el mejor momento del álbum es Careful With That Axe Eugene, el single instrumental cuya toma de estudio puede conseguirse en Relics o The Early Singles. Su idea compositiva es muy simple; se trata de un crescendo cíclico que comienza subrepticiamente con una oscura y calma línea de bajo... La tensión va aumentando de forma paulatina a través de órganos y platillos hasta explotar de pronto en una orgía de volumen, distorsión, alaridos y acordes disonantes que no dan tregua. Poco después, la fiebre instrumental empieza a decantar, volviendo al mismo bajo siniestro con el que había empezado. A mí esta versión no se me hace muy diferente a la original, pero tiene mucha más distorsión, más musculatura y más melodías de órgano impregnando el ambiente. Y ese grito perverso de Waters, que parece provenir del mismísimo Satanás en una noche de magia negra, SIEMPRE me congela la sangre... Careful With That Axe es lo más malvado, oscuro y cruel a lo que ha llegado Pink Floyd; puede parecer estúpida y simplista descripta con palabras, pero escúchenla y verán que a veces las ideas más simples son las más efectivas. Después que no me vengan a decir que Black Sabbath inventó la música oscura, porque comparadas con Careful With That Axe sus canciones parecen compuestas por los Siete Enanitos en colaboración con los Muppets y bajo supervisión técnica de los Pitufos.

El disco en vivo se completa con dos tomas de A Saucerful Of Secrets. La suite titular nunca fue mi favorita y aquí no hay excepción; otorga más atmósfera oscura, pero sin la estructura y la justeza que favorece a las demás canciones. La verdad, no sé cómo hago, pero siempre encuentro mejores cosas para hacer antes que escuchar tamborcitos aleatorios mezclados con RUIDOS SUFIRENTES de guitarra y órgano. Para peor; el requiem del final, soso pero al menos soportable, aparece arruinado por un desafinado y vacilante Gilmour. Cambiando de tema ¿Acaso pueden ver ustedes los gérmenes de la progresión final de Echoes en esta parte de la suite? Ja! A eso le llamo MEJORAR MUCHO. Set The Controls For The Heart es mejor, y aunque para mis oídos la versión original sigue siendo más pulida y profunda, ésta no se queda atrás.

Ahora sí, el álbum de estudio con material 100% nuevo. La música más extraña y experimental que haya hecho el grupo en su historia (salvo, claro está, The Division Bell y sí, eso fue una ironía). Avant-garde puro y sin concesiones; la cosa más anti-comercial que me ha tocado escuchar en un disco de rock. Si eres un novato que apenas ha escuchado el Dark Side y The Wall, una incursión en este material puede darte un lindo susto... Ya lo verás tú, pequeña ovejita que pasas tu tiempo en la hierba sin inflingir daño alguno: cuando los Floyd se proponían hacer cosas jodidas y retorcidas, no hay "pero" que valga: hacían cosas BIEN jodidas y BIEN retorcidas. No hubo demasiado laburo de composición y producción aquí: más bien parece que se le entregó a cada miembro del grupo un tiempo determinado de cinta en blanco... ¿La consigna? Hacerla sonar. No importa con qué o cómo, la cosa es que del parlante salieran sonidos de algun tipo, música, ruidos, cosas, estímulos en forma de ondas invisibles que hicieran vibrar los tímpanos de la gente. Así que los cuatro aceptaron el desafío e hicieron este álbum... Podrían haberse comprado un block de hojas pentagramadas y ponerse a trabajar muy duro, pensando cada nota y combinando cada sonido... Pero no, para eso ya habría tiempo, así que los tipos agarraron el primer instrumento que vieron dando vueltas por el estudio y se pusieron a experimentar con él sin ningún objetivo concreto. Es como aquella famosa prueba de encerrar unos cuantos monos con unas cuantas máquinas de escribir; difícilmente salgan de ahí con las obras completas de Shakespeare. Algo similar ocurre aquí, los muchachos hacen cualquier cosa, y el resultado final es... bueno, justamente eso: cualquier cosa. Un gigantesco collage de sonidos avant-garde que carece de la más mínima estructura, el más básico método y la más elemental cohesión. Tenés algo que suena como pistola láser; después aparece una suave guitarra acústica; que de pronto se convierte en un alarido bestial; y un piano entra sutilmente; para lanzarse enseguida en un tobogán de sonidos como millones de avispas; suena una campana y un riff puntiagudo; ahora un flauta ensayando unas notas al azar; y en el medio de todo eso una balada folklórica salida de ninguna parte. Es así, un torbellino de cosas que no llegan a nada... Prepárate para sufrir.

¿Quieren mi opinión? Es verdad, eso quieren, ya casi me olvidaba. Bueno, mi opinión es que esta música no es TAN inaccesible como podría uno suponer, y en todo caso a veces es efectiva e interesante de escuchar. Ninguna de estas "composiciones" entrará nunca en mi lista de canciones favoritas, y por momentos todo suena espantosamente amateur, pero escuchar este disco no se me hace una experiencia tan dolorosa. Sí, es avant-garde casi puro y de pronto uno puede abrir los ojos, saltar de la silla y preguntarse "¿Que M... estoy escuchando?", pero entre tanta nebulosa de sinsentido HAY momentos interesantes, momentos divertidos, momentos incluso de placer. Solo es cuestión de estar atento y encontrarlos. Algunos de estos buenos momentos se resumen en el largo pasaje instrumental de Wright, llamado Sysyphus. La primera parte abre con un efectivísimo riff de mellotron sinfónico, siniestro y retorcido. De a poco las cosas se van calmando y para la segunda parte entran unos remolinos de piano realmente agradables, suenan como música clásica contemporánea. Es un momento relajante y musicalmente atractivo, pero progresivamente las cosas se van poniendo más violentas y disonantes, Wright empieza a cebarse y de pronto lo tenemos aporreando las teclas como un lunático. Entonces la pieza se hace verdaderamnete tenebrosa, tónica que se mantiene a lo largo de las partes restantes, en las cuales Rick solo se encarga de golpear las teclas al azar, acompañándose con otros inquierantes ruidos de procedencia incierta, para cerrar de forma portentosa con el mismo riff de mellotron con el que había arrancado.

Roger Waters empieza su sección con algo bastante normal, la mínima balada acústica y vocal Grantchester Meadows, que parece uno de sus números folklóricos de More, solo que extendiéndose por unos agonizantes siete minutos y medio sobre un trasfondo campestre de pajaritos y abejitas (Y también un aleteo de pato que es exactamente igual al que abre Across The Universe en el Past Masters 2 de los Beatles: ¡Waters usó la misma cinta de efectos especiales de los estudios Abbey Road!). Grantchester Meadows es pacífica y relajante, pero sin dudas no se trata de algo muy interesante para oir durante tanto tiempo, y la melodía vocal es demasiado vaga. Eso sí, en su siguiente "canción", el tipo compensa la normalidad de esta inocua pieza con un genuino combo de insensatez. El título ya es un experimento en sí mismo: Several Species Of Small Furry Animals Gathered Together In A Cave And Grooving With A Pict... y la "música": un montón de extraños sonidos que parecen como animalitos nerviosos y enloquecidos peleandose entre ellos: ardillas, pajaritos, murciélagos, todos participan. No es musica, pero es un interesante experimento con sonidos, que además suena verdaderamente gracioso. Sobre el final, para complicar más las cosas, aparece la voz de Roger entonando un discurso con un acento extrañísimo, como si estuviera retando a todos los animales en algún idioma desconocido. Bah... fumate algo Roger.

Con el experimento de David Gilmour volvemos un poco a terrenos menos ásperos, ya que su Narrow Way empieza con suaves cascadas de acordes acústicos y guitarras slide. Se trata de un pasaje placentero y de ensueño; pero tal como había hecho Rick antes, Dave empieza a intercalar de a poco unos cuantos sonidos más perturbadores, todos hechos con guitarras y quizá algún sintetizador. Para el final de la primera parte, la pieza ya da la impresión de que los instrumentos están todos destartalados y que Gilmour está tan drogado que no puede ni tocar. La segunda parte tiene un riff de hard-rock muy mutado y otra vez rodeado de otros sonidos incómodos. La tercera parte es lo más parecido al Floyd clásico que ofrece el disco, ya que Gilmour hasta se ha tomado el laburo de escribir una letra y cantar; aquí se agregan pianos y una melodía muy perezosa del estilo de las ulteriores Fat Old Sun o A Pillow Of Winds. No es la gran cosa realmente, se trata del momento más acequible del experimento.

Al final aparece Mason con su propia composición avant-garde hecha a base de tambores y otros artilugios percusivos. Se llama The Grand Vizier's Garden Party y la verdad no puedo comentar mucho sobre ella. ¿Qué quieren? ¡Es una maldita composición avant-garde de percusión! No puedo juzgarla como a una canción cualquiera... No voy a decir que no tiene melodía, que no tiene riff y que el estribillo apesta... Solo diré que no es algo que me desmayo por volver a escuchar.

Y así se acaba esta verdadera rareza. Curiosamente, este álbum fue uno de los más populares de Pink Floyd hasta el Dark Side, seguramente por el álbum en vivo. La conclusión es que la grabación en vivo es bastante buena (digna de un ocho) pero la sección experimental de estudio le baja un poco el rating. No es que sea mala; como experimento avant-garde está bien pero casi no tiene música. Bah, es todo demasiado extravagante como para hacer generalizaciones al respecto, fíjense que en la revisión me dediqué casi totalmente a describir sin casi omitir juicio... Es porque no sé como juzgar la música experimental extrema: son experimentos raros cuyo máximo objetivo es ser lo más raro y fuera de lo convencional posible. Musicalmente no es muy atractivo, pero es arriesgado, desafiante y rompe-esquemas. Así que nada más te diré que procedas a tu propio riesgo; cómpralo aunque sea por el disco en vivo y toma el resto como un bonus de rarezas y outtakes. No hablo más.

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Atom Heart Mother – 1970

7-/10

"If I go insane, please don't put your wires in my brain"

1) Atom Heart Mother; 2) If; 3) Summer '68; 4) Fat Old Sun; 5) Alan's Psychedelic Breakfast.

mejor canción: Atom heart mother

Atom Heart Mother nunca me impresionó demasiado. ¿Me gusta? Sí, cómo no ¿Me fascina? Para nada. Es uno de esos álbumes difíciles que de a ratos siento atractivos y de ratos no les encuentro mucho con qué entusiasmarme. Bajo ningún concepto se me ocurriría decir que este álbum es una basura total, pero en comparación al resto del catálogo floydiano, Atom Heart Mother se me antoja más bien débil, y dista mucho de ser uno de mis favoritos.

Evidentemente Pink Floyd evoluciona, claro está, y lo hace hacia terrenos cada vez más digeribles, más “normales”; busca el sinfonismo y se aleja paulatinamente de los inclasificables delirios avant-garde de sus publicaciones anteriores (sobre todo Ummagumma). No obstante, al mismo tiempo, muchos coinciden en que se trata del último álbum netamente experimental y arriesgado de Pink Floyd, antes de la cómoda inmersión en el mundo del hi-fi y el art-rock moderado de Meddle y Dark Side. Pero entonces ¿En qué quedamos? ¿Es más normal o no es más normal? ¿Es experimental o no? Pues... LAS DOS COSAS. Es que ahí está la clave de Atom Heart Mother: es claramente un álbum de transición. El toque demente sigue allí, y hay suficientes huellas que evocan las locuras y riesgos de antaño: de hecho, una vez ví un Atom Heart Mother en vinilo que tenía pegada una etiqueta advirtiendo que era música “no comercial”. Sin embargo, simultáneamente muchos de los esquemas musicales presentados tienden a aburguesarse hacia lo convencional y lo agradable al oído, anticipando de alguna manera el Pink Floyd más progresivo, etéreo y atmosférico de los siguientes años. Sip, Atom Heart Mother es *EL* álbum de transición de Floyd, representando en similares proporciones al costado “experimental delirante” y al costado “progresivo atmosférico” del grupo.

El problema particular que tengo con dicha “transicionalidad” del álbum es que queda a medio camino de todo. Como álbum experimental avant-garde no es tan fascinante ni rompe-esquemas como sus antecesores Piper o Saucerful. Tan solo la maratónica pista titular ostenta signos de clara experimentación, y aún allí los resultados distan de ser redondos. Así mismo, como álbum de rock progresivo no tiene el impacto y la efectividad sonora de Meddle o Dark Side. ¿Entonces? Entonces tenemos un álbum de buenas intenciones, medianamente interesante y agradable, pero también dolorosamente tibio, insustancial, inacabado. Individualmente estas cinco canciones no están mal, pero compárenlas con los grandes clásicos ulteriores y digan que están a la misma altura. No, no lo están.

En este disco, Pink Floyd presenta un esquema que consiste en dos largas suites de pretensiones sinfónicas y ligeramente vanguardistas acompañadas con un trío de temas pequeños, más inofensivos, memorizables y convencionales que cualquier cosa que hayan intentado antes (a excepción de las baladas de More). La suite Atom Heart Mother es uno de los ensayos sinfónico-experimentales más producidos, bombásticos y ambiciosos del grupo, ocupando en su entereza la primera cara del vinilo. Para su factura, los Floyd (y el co-autor Roy Geesin) no se anduvieron con recatos: opulentas masas corales,  pomposas orquestas, sonoros bronces, violines, órganos y multivariados efectos de sonido se combinan durante unos veinticuatro minutos en una gigantesca épica sinfónica sin precendentes en el mundo del rock progresivo. Obviamente, no se le puede negar a la obra su capital innovador, pues está claro que nunca antes (y  nunca después) se ha intentado un cocktail semejante. El asunto es que a nivel del impacto que genera en el oyente su éxito es relativo. Por un lado, tiene sus momentos realmente atractivos, especialmente la pomposa melodía inicial de la orquesta en Father’s Shout; el fenomenal dueto de viola y órgano de Breast Milky, con una genial melodía clásica, y el fantástico solo de guitarra, bajo y órgano en el jam de Funky Dung, que es el momento más genuinamente floydiano y rockero de toda la pieza. Realmente, y esto lo digo para quien piense que soy demasiado tibio, ADORO estos segmentos musicales: suenan como inspiradas viñetas de rock progresivo. Sin embargo, a grandes rasgos la suite me resulta un tanto irregular, un tanto inacabada, un tanto insípida. A pesar de que no es monótona ni aburrida ni nada parecido, suena como si tuviera parches, remiendos y costuras. ¿Por qué tengo esa sensación? Se dan varias cosas: en principio los diferentes temas no fluyen con mucha naturalidad; a mí me suenan como canciones independientes que algún Frankeinstein reunió y encastró al azar sin demasiadas artes. Por otra parte, algunos segmentos son bastante chapuceros, sobre todo los ruiditos tontos de Mind Your Throats Please y otros, aunque interesantes, dan la sensación de que podrían aportar mucho más para el tiempo que duran, como la tenebrosa progresión coral de Mother Fore. También me incomoda un poco el hecho de que la orquesta sea tan dominante: no parece una obra legítima de Pink Floyd, sino más bien un raro proyecto anónimo y colectivo. En síntesis les comento que se trata de un valioso e inigualable ejercicio experimental, con buenas atmósferas y melodías, pero que solo por momentos alcanza satisfactorios niveles de excitación y sustancia. Es un avance sobre A Saucerful, eso seguro.

El otro tema de intenciones no convencionales es el muy odiado instrumental Alan's Psychedelic Breakfast. Comparado con Atom Heart Mother esta suite es MUCHO menos ambiciosa y francamente lo único que tiene de “experimental” son los sorprendentes efectos especiales, por los que se oye a un hombre preparándose el desayuno. Todo se escucha con clara nitidez; las gotitas cayendo en el fregadero, el fósforo encendiendo la hornalla, los dientes masticando la tostada (Esto último suena bastante chocante, debo admitir). La cosa es que la música en sí parece tan solo una burda excusa para disponer de estos efectos. Los temas consisten más que nada en suaves vaivenes de piano y guitarra acústica y, aunque cuentan con momentos agradables, la cosa suena MUY intrascendente y carente de inventiva. El segundo segmento, Sunny Side Up esboza con sus acordes acústicos los bocetos de la canción de Meddle, A Pillow Of Winds y Morning Glory alcanza el mejor momento musical cuando entra la melodía de guitarra eléctrica, aunque el clímax que se genera es apenas tibio.

En el medio hay tres canciones más sencillas y modestas que promedian los cuatro o cinco minutos de duración. If de Waters retoma el estilo de las baladas folk de More y tengo que admitir que Roger no está muy incómodo con este tipo de composiciones. Las notas de guitarra española suenan verdaderamente atípicas para un disco de rock (aunque Atom Heart Mother ciertamente NO ES un disco de rock), pero lo más interesante de la canción es cómo va progresando desde un suave y mínimo número folk hacia un respetable ensemble de rock sinfónico. Wright aporta lo suyo con Summer '68, seguramente la canción más poppy de todo el repertorio de Pink Floyd. Comprendo como alguien pueda llegar a odiarla pero la realidad es que tiene un riff de piano infeccioso y una excelente melodía vocal. Realmente Wright podía hacer buen pop si se lo proponía. En el aspecto negativo, las partes de bronces suenan un tanto largas y exageradas para mi gusto. Por último aparece Gilmour con su decente Fat Old Sun, una balada atmosférica cantada por Dave muy, muy suavemente y con un buen solo de guitarra sobre el final. Es agradable, pero muy intrascendente. Estas tres cancioncillas no son clásicos, pero son más que aceptables: depende del día puedo preferir una u otra.

Antes le había puesto un seis, pero me pareció un tanto duro. Después de todo es un buen álbum de rock progresivo y aunque bajo ningún concepto puede ser considerado un clásico, tampoco tiene nada particularmente débil u ofensivo como para tener una calificación tan baja. Le dejamos un siete y todos contentos.

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Meddle - 1971

9-/10

"One of these days I'm gonna cut you into little pieces"

1) One Of These Days; 2) A Pillow Of Winds; 3) Fearless; 4) San Tropez; 5) Seamus; 6) Echoes.

mejor canción: Echoes

Bueno, aquí es cuando esta banda llamada Pink Floyd empieza a ponerse REALMENTE buena. No crean que reniego del material que la banda había producido hasta este punto, pero lo cierto es que el sonido que nos presentan estos tipos en Meddle es mucho más SEDUCTOR que nunca, y eso a la larga me conmueve considerablemente más que los experimentos raros y avant-garde que venían ensayando anteriormente. La verdad, amigos, es que me resulta harto complicado definir esta nueva música en términos de accesibilidad; siempre depende del patrón de comparación que se utilice. Por un lado, este álbum dista mucho de ser "común", "ordinario" o "fácil digestión", y ciertamente es una escucha mucho más desafiante y complicada que cualquier álbum regular de los Beatles o los Rolling Stones, por poner dos ejemplos. Pero por otro está bien claro que, comparado con los delirios experimentales de los cinco LP's anteriores, Meddle es un álbum muchísimo más amigable, accesible y, si se quiere, pedestre.

¿Problemas? Para mí no, pero muchas personas suelen señalar que Meddle marca la primera vez que Pink Floyd no muestra ninguna señal de evolución, que deja de progresar, que repite tal cual la fórmula del álbum anterior y, para colmo, suaviza considerablemente la carga experimental de su sonido. Para muchos esta actitud traiciona la esencia innovadora del grupo y suelen ver a Meddle como el principio de una "estandarización" para las ambiciones del sonido Floyd. Mi actitud en esta polémica siempre ha sido diametralmente opuesta. No niego lo evidente: Meddle suena mucho más normal y accesible que cualquiera de los cinco álbumes anteriores. La psicodelia y el avant-garde han desaparecido en su totalidad y los filos psicóticos y trasnochados de antaño han sido reemplazados por todo tipo de atmósferas relajantes, melodías pop y rock más convencional. Ahora bien, quiero ser MUY ENFÁTICO en esto: que Meddle sea comparativamente más corriente que sus antecesores no implica que sea menos excitante, sino TODO LO CONTRARIO. ¿Cómo puede ser eso? La clave, para mí, está en que esta vez, Waters y compañía empiezan a concentrarse en SEDUCIR más que CONFUNDIR con su música, y lo hacen maravillosamente bien. El sonido de Meddle es pura seducción; la intención es que los sonidos produzcan placer; desde la primera hasta la última nota el oyente se sumerge en un mundo de notas y motivos deliciosos que, si en álbumes como Saucerful raspaban nuestros cerebros como una lija, ahora no hacen otra cosa que envolvernos plácidamente en hermosas sensaciones, imponenetes paisajes de sonido e imágenes perfectas. De esta forma se inaugura la segunda y más exitosa etapa del grupo, donde el avant-garde retorcido y desarticulado da paso a un rock progresivo más digerible que va preparando el terreno para esa obra maestra del sonido que es Dark Side Of The Moon.

Muchos podrán considerar la movida como un "sell out" (¡Escándalo! Pink Floyd se vende a los remilgos del mainstream), pero para mí eso es un error aparatoso. Básicamente, porque la música de Meddle sigue siendo cualitativamente de primer nivel. No es verdaderamente experimental, pero es condenadamente buena, distinta, oscura y, sobre todo, potente ¿Qué más querés? ¡Que tonto y snob es pensar que cuanto más rara y poco convencional sea la música, más validez artística posee! Partes de este álbum son de una belleza inhallable en los cinco LPs anteriores; otras partes rockean con una furia y una convicción que nunca antes se escuchó en el grupo; las atmósferas jamás habían sido tan efectivas y la lista sigue. Por poner un ejemplo, es como que el grupo se ajustó bien los pantalones: si los álbumes tempranos te molestaban por su falta de coherencia y foco, aquí está el Pink Floyd que buscabas, un conjunto de músicos que sabe medir cada sonido a la perfección, que no cae en excesos avant-garde por el avant-garde mismo, que combina con lucidez momentos plácidos con ataques rockeros y que deleita al oyente con una música que, simplemente, destila buen gusto y poder de seducción por los cuatro costados. Y otra aclaración importante: si bien Meddle puede considerarse el álbum más convencional de Floyd hasta el momento, la música no ha perdido un ápice de su singularidad: todavía no he escuchado un solo álbum de rock progresivo que se asemeje a este; lo cierto es que el sonido Floyd, aún cambiando y haciéndose más "comercial", sigue siendo ÚNICO. Insisto que disfruto del Pink Floyd fumado y experimental de los primeros años, pero sinceramente prefiero lo que hace Meddle, seducirme con algunos de los más excitantes y profundos sonidos que ha combinado Pink Floyd.

Ya más o menos he descrito el tipo de música que se encontrará aquí. Diría que se trata de un rock progresivo, con fuerte énfasis de lo atmosférico y en los crescendos, algunos pasajes bastante rockeros, otros realmente suaves y una variedad notable de canción a canción. El esquema es el mismo de Atom Heart Mother: una extensa suite ocupando la mitad del disco, algunas canciones pop puramente recreativas metidas en el medio y un instrumental más corto para redondear. La calidad sin embargo es mayor, al punto que me animo a darle un nueve con los ojos cerrados, y a decir que me resulta una escucha bastante más placentera e interesante que The Dark Side Of The Moon. Relleno hay, pero ciertamente se trata de un relleno sumamente disfrutable; Seamus, por ejemplo, es frecuentemente descartada por los oyentes como un derroche de espacio... algo de cierto hay, ya que en esencia se trata de un intrascendente, breve y subdesarrollado jam de blues que no debe haber insumido mucho tiempo de composición. Sin embargo yo no quiero ser tan duro con la canción, y eso por varios motivos: a) No tiene absolutamente nada de horrendo  u ofensivo; b) Demuestra que si se lo proponían, los Floyd podían trabajar el blues con gran tacto y gusto (las guitarras slide y el piano son puro deleite) y c) Hay un perro DE VERDAD haciendo coros!!! lo cual es divertido. Otra canción frecuentemente olvidada es San Tropez, que si bien no es nada monumental, siempre me agradó muchísimo. Tiene una melodía realmente pegadiza, un ritmo ágil y entretenido y solos de guitarra slide y piano sencillísimos pero excelentes.

Siguiendo con los temas "cortos", tenemos también la infravalorada balada A Pillow Of Winds, que provee una de las atmósferas somnolientas más fantásticas que hayan atravesado mis oídos; la pista acústica es vaga y no parece tener ningún rumbo conciso, pero aún así resulta plenamente relajante e hipnótica, y la melodía vocal susurrada por Gilmour es realmente bella, aún sin ofrecer ningún gancho contundente. Siempre ha sido de mis favoritas, desde que la utilizaba como despertador en mis días de escuela secundaria... si hay un tema que NO es apropiado como despertador, es éste; siempre me invitaba a seguir durmiendo. Para mí es uno de esos temas que una vez que empiezo a escucharlos, me quedo hipnotizado, sin poder apagarlos ni dejar de escucharlos hasta que se terminan. También me encanta Fearless, que es la canción más convencional del álbum; lo cual no tiene nada de malo, ya que la guitarra de David suena realmente fantástica y la melodía es altamente memorable... para complicar un poco las cosas, sobre el final aparecen inesperadamente unos cantos de la hinchada del Liverpool en pleno partido de fútbol, lo cual es un toque... diferente, y un tanto extraño. Me pregunto qué sentirán los hinchas de los demás equipos del fútbol inglés cuando escuchan esta parte... Sería como si yo tuviera que tragarme a la hinchada de Boca Juniors cantando en medio de una canción... medio como que me la arruinaría.

Pero por más entretenidas y variadas que sean estas canciones, la verdadera carne del álbum está al principio y al final. Al principio tenemos la fantástica One Of These Days, sin dudas el mejor instrumental jamás grabado por Pink Floyd. Se trata básicamente de un oscurísimo crescendo que arranca con un fenomental bajo heavy de Roger Waters (anticipando las guitarras pulsantes clásicas de The Wall) y cierra a todo trapo con un jam espectacular donde la banda se anima a rockear realmente duro, pero de una forma alienígena y maligna que realmente no se compara con nada. Sin embargo, todo queda reducido a un mero juego de niños si hablamos de Echoes, la monstruosa suite de veintitrés minutos de duración que ocupa íntegramente la segunda mitad. Tantas cosas para decir sobre este tema y a la vez tan pocas. Cuando evoco a Echoes son varias las ideas que me vienen a la mente: que se trata de la mejor composición jamás hecha por Pink Floyd (solo Shine On You Crazy Diamond puede hacerle un poco de sombra), que es INFINITAMENTE superior a la suite de Atom Heart Mother, que es el mejor tema de una cara entera que he escuchado (y sí, conozco Supper's Ready) y que posiblemente sea uno de los absolutos picos del rock progresivo. Sin dudas ayudó significativamente que esta vez el grupo se orientó a componer buenos temas MUSICALES, en vez de ruiditos, cacofonías y masas corales. Pero para mí, el aspecto más revelador de Echoes radica en que a través de esta canción, Pink Floyd demuestra que se puede prescindir del virtuosismo, la complejidad técnica y la experimentación extrema a la hora de crear esta música sublime, inspiradora e imponente. Solamente con la inteligencia y la intuición para jugar con los sonidos, cuatro músicos técnicamente mediocres pueden dejar en rídiculo cualquier intento de bandas virtuosas como Yes, Genesis, Emerson Lake & Palmer o incluso King Crimson. Es para mí la prueba más impactante de que la complejidad por sí misma no sirve para nada... Porque Echoes es en si misma una canción SIMPLISIMA, casi de jardín de infantes... y sin embargo transmite un poder, una seducción, una imaginación, un derroche de emoción y potencia que temas como Close To The Edge o Supper's Ready solo pueden ver en fotos.

Con veintitrés minutos a su disposición, Pink Floyd tiene tiempo para mostrarnos diferentes aspectos de su sonido, y cada una de las secciones desborda de poder, belleza e imponencia. El crescendo incial es el ABC del rock progresivo, empezando con una aguda y solitaria nota de piano (tocada a través de no se qué aparato para que suene distorsionada) a la que se le van agregando de a poco, y con una belleza devastadora, guitarras eléctricas, órganos, una melodía de piano más desarrollada y por último la batería. Luego de la preciosa y relajante introducción llega el tema principal cantado a dúo por David y Richard; la melodía es repetitva pero hermosa y mientras tanto el tema va ganando en intensidad. Luego de los primeros versos la cosa empieza a ponerse bien oscura y rockera, a través de un riff completamente inolvidable que va creciendo en intensidad con cada repetición. De esta forma, un nuevo crescendo va ganando musculatura y poder hasta alcanzar un clímax gigante... justo en el momento de mayor intensidad la banda pasa al siguiente segmento en una transición ESPECTACULAR (justo a los siete minutos); la batería arranca entonces con un ritmo bien claro y entrador para un jam de blues extraordinario, bien ajustado, donde la guitarra de Gilmour tira algunas líneas ESCALOFRIANTES, imponentes y casi celestiales mientras el órgano de Wright HUMEA y el ritmo de Mason no declina. Luego de unos minutos el jam se desvanece y llega la sección más experimental y avant-garde de la suite, donde una serie de cacofonías agudas (¿Imitando el canto de las ballenas? ¿Gaviotas enloquecidas quizá?) otorgan un aire oscuro y sumamente tenebroso, ideal para una caminata por algún planeta lejano. Es pura atmósfera sin música, y ese es el problema para mí; siento como que interrumpe el magnífico fluir de la pieza y vuelve a los soniditos vacuos de antaño... Pero no está del todo mal, sobre todo teniendo en cuenta que esos alaridos diabólicos están hechos con una guitarra eléctrica. Luego de unos minutos de estos sonidos, la música comienza de nuevo con una maravillosa y extensa transición hacia la melodía principal, con un crescendo de órgano y guitarras pulsantes que parece sencillamente DE OTRO PLANETA, especialmente en el MAJESTUOSO clímax donde Gilmour lanza espectaculares melodías de guitarra, justo antes de que vuelvan las voces. En pocas palabras: Echoes es la canción DEFINITIVA de Pink Floyd, aquella en donde demuestra todas sus fortalezas al cien por ciento de su forma. Ninguna banda de art-rock ha sido capaz de igualar la potencia, la belleza y el interés de esta composición, al menos para mí.

Y así conlcuye el mejor álbum de Pink Floyd hasta el momento. La transición iniciada en Atom Heart Mother alcanza ya formas más contundentes, y todo parece conducir a sonidos cada vez más preciosistas y pulidos, en detrimento de la locura experimental de los viejos días, pero sin perder un ápice de creatividad y poder de imaginación. Nos vemos en el lado oscuro de la luna...

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Obscured By Clouds – 1972

7+/10

"There's no wind left in my soul"

1) Obscured By Clouds; 2) When You're In; 3) Burning Bridges; 4) The Gold It's In The; 5) Wot's... Uh The Deal; 6) Mudmen; 7) Childhood's End; 8) Free Four; 9) Stay; 10) Absolutely Curtains.

mejor canción: Wots... uh the deal

...Bueno, no. Antes de Dark Side Of The Moon vino este. Si consideramos, como yo considero, que los "años dorados" de Pink Floyd empiezan a partir de Meddle, entonces Obscured By Clouds sigue siendo el álbum más oscuro, infravalorado e injustamente desconocido de esta etapa. En efecto: yo no lo compré ni le presté demasiada atención hasta que leí en alguna parte que realmente había algunas cositas interesantes aquí que un amante de Pink Floyd (como yo) debería escuchar. Y lo escuché, y me gustó, y le puse un siete... no es tan bueno como su antecesor Meddle porque no hay nada ni remotamente parecido a Echoes, pero mucho más melódico, sólido y (sobretodo) puntual que otros como Atom Heart Mother.

La realidad es que Obscured By Clouds, que dicho sea de paso es el soundtrack del film La Vallée es una bisagra total en la carrera de Floyd, mucho más incluso que Meddle. Meddle es simplemente una versión bastante perfeccionada de Atom Heart Mother pero no hay un mayor cambio de estructuras y las composiciones largas, mastodónticas y multi-parte continuaban, solo que con un mayor rango de accesibildad para el oyente común (bueno, esto lo expliqué en la revisión de Meddle, no lo voy a explicar otra vez). Obscured By Clouds eleva la apuesta de accesibilidad aún más: las canciones duran de tres a cinco minutos, son melódicas, rockeras y hasta convencionales. Esto podría sonar trágico para un grupo experimental vanguardista como Pink Floyd, pero debo decir y remarcar que el cambio estilístico le sienta bien; obviamente siempre van a estar en su cumbre con cosas grandiosas como Echoes, pero con este álbum demuestran que también pueden lucirse con temitas amigables, acústicos y melódicos. Obscured By Clouds es además un "campo de pruebas" para lo que se viene con Dark Side Of The Moon. La concepción de la canción más compacta y tradicional que aparece en Dark Side Of The Moon apareció antes, ya en toda su expresión, aquí en este álbum: contratados por el mismo cineasta que les encargó More (Barbet Schroeder), Pink Floyd tuvo que tomarse un par de semanas en medio de las sesiones para Dark Side para grabarlo, y eso se nota a nivel estilístico. Obscured es un hermano menor de Dark Side, mucho menos ampuloso, mucho menos pretencioso, bastante más irregular pero igual de melódico.

El contenido del soundtrack se divide en pequeños temas atmosféricos típicamente Floydianos y canciones hechas y derechas con estrofas y estribillos. Entre las "atmósferas" la mas destacable, lejos, es Mudmen, un crescendo instrumental que empieza con un leve piano que llevará más tarde a interminables pero absolutamente majestuosos solos de Gilmour... es el epítome de la simpleza de Floyd: una simple secuencia de acordes y la guitarra de David hamacándose ellos sin mayores complicaciones ni espirales imposibles; demuestra que a veces lo más simple y fácil puede pegar más que lo complejo y virtuoso. Muy atmosférico también. Los demás temas de este tipo van desde lo horrible (Absolutely Curtains, que comienza como un instrumental más pero enseguida se resuelve en MINUTOS Y MINUTOS de CANTOS TRIBALES PAPUANOS. Horrible. Respeto la cultura papuana, pero esto no va en un álbum de Floyd!!!) hasta lo decente: Obscured By Clouds es una obertura ultra-recontra-simple pero absolutamente efectiva para crear una sensación de intranquilidad y tensión a través de sintetizadores monocordes y violentos giros de la guitarra eléctrica; por otra parte When You Are In... repite el mismo riff una y otra vez. Es un buen riff, sin embargo, y la canción nunca termiana de aburrir del todo. 

Pero en esta ocasión el álbum importa más por sus canciones que por sus atmósferas. La mejor y más hermosa es Wot's Uh The Deal. Olvidemos por un momento el título absolutamente ridículo de la canción y concentrémonos en sus gustosas líneas acústicas, su dulce melodía, su pegadizo estribillo y los slides eléctricos que aparecen en el medio. También está la balada Burning Bridges, que vendría a ser algo así como un Mudmen con voz: la línea de piano es exactamente la misma y la melodía vocal es una copia superpuesta. Los dos temas "rockeros" del álbum son bastante similares entre sí; ninguno de ellos completamente inolvidable, pero sí decentes y buenos para pasar el rato. The Gold Is In The... es simplemente Gilmour y su guitarra eléctrica. Childhood's End tiene una introducción que les hará acordar un poco a Time de Dark Side Of The Moon; entenderán a qué me refiero con "campo de pruebas" eh?. Al final tenemos un híbrido increíble (que rankea como la segunda mejor canción) que es Free Four: una pequeña extravaganza pop que incluye un conteo inicial al mejor estilo I Saw Her Standing There (aunque muchísimo menos juvenil), una super-alegre melodía acústica cantando la letra más directamente pesimista onda The Wall ("La vida es un corto tibio momento, la muerte es un largo frío descanso") y unos quiebres de guitarra eléctrica que rockean con una frontalidad casi imposible de hallar en otro álbum de Floyd. Stay es una agradable aunque olvidable balada de Wright quien enseña una voz bastante demacrada desde su última performance en Meddle.

Un soundtrack. Un buen álbum. Quien haya gustado de Dark Side seguramente encontrará placer en este. Ah! y bastante mejor que More, basicamente porque no tiene cosas excesivamente climátiacas como Quicksilver o Up The Khyber. Pink Floyd haciendo simple, melódico y despreocupado pop. No la tenían no?

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The Dark Side Of The Moon - 1973

9+/10

"Don't be afraid to care"

1) Speak To Me 2) Breathe; 3) On The Run; 4) Time; 5) The Great Gig In The Sky; 6) Money; 7) Us And Them; 8) Any Colour You Like; 9) Brain Damage; 10) Eclipse.

mejor canción: Time

¡Ah! ¿Es que hay algo que tenga yo para decir sobre esta cosa que no se haya dicho aún? ¿Es que hay algún marciano que no haya escuchado The Dark Side Of The Moon? Luego de treinta años, esta critatura sigue siendo el disco más popular y amado de Pink Floyd, su mayor éxito comercial y uno de las obras más exitosas de la historia de rock. Cualitativamente hablando, no hay pruebas contundentes que demuestren la superioridad de este álbum con respecto a pares como Wish You Were Here, Meddle o Animals, pero sus SUBNORMALES cifras en cuanto a ventas, la crítica especializada y la consideración popular lo han tenido siempre en un pedestal por sobre los demás álbumes: aún hoy es el mayor clásico de Pink Floyd. En su momento, The Dark Side Of The Moon fue un quiebre absoluto en la carrera de Floyd. Cuando se publicó, el álbum representó un éxito abrumador e inesperado para un grupo que venía cosechando ventas satisfactorias pero modestas y que nadie en los Estados Unidos conocía. Con Dark Side la banda se catapultó a la fama mundial, conquistó definitivamente al publico americano y sus miembros se llenaron de millones de la noche a la mañana. Es una vaca SAGRADA. Jodida.

Retrospectivamente, las causas del éxito comercial del disco no parecen demasiado oscuras: aquí, Pink Floyd produce una música significativamente más simple y directa de lo acostumbrado. Es un sonido mucho más accesible que nunca, más nítido, más estilizado, con una producción (Alan Parsons) tan cuidada y minuciosa que cada nota parece articularse en el momento justo, como pensada para alcanzar el máximo grado de deleite y placer en el oyente, a diferencia de discos anteriores donde aparecían cosas inesperadas, chillonas y caóticas en todo momento. Todo esto matizado por coros femeninos a granel (un elemento de dudosa entidad roquera que aparece por primera vez en un álbum en Pink Floyd) cosas con saxofón, impresionantes efectos especiales y una concepción de la canción más compacta, melódica y convencional. Siguiendo con el modelo tratado en Obscured By Clouds, las canciones más largas no superan los cinco o seis minutos de duración y en general son poco más que piezas atmosféricas bastante convencionales con tintes de jazz, acordes de piano y la obligatoria guitarra de Gilmour rockeando cuando es necesario. En resumen: se vendieron de la manera más vergonzosa y barata.

Bueno, eso es lo que diría si fuera un completo imbécil, pero por suerte no lo soy (todavía). Así que, rectifiquemos. En realidad no se puede decir que Pink Floyd se haya "vendido", ni que haya adaptado su estilo a las demandas del mercado. Yo diría que más bien decidieron acabar con los delirios y, efectismos mediante, llegar más a la cabeza y el corazón del oyente. Eso sí, el asunto genera una polémica aún vigente entre los aficionados. Porque estamos hablando de un grupo que hasta no hacía mucho estaba rompiendo esquemas, experimentando, transitando por caminos oscuros, arriesgándose en cada movida... Y ahora, como si nada, ese mismo grupo toma por asalto el mercado con un álbum insospechadamente mansito, apto para todo público y con ¡Saxofones! ¡Estribillos pegadizos! ¡Coros femeninos! ¡Riffs memorables!. Es lógico que ciertos oyentes, sobre todos aquellos incondicionales de la etapa psicótica y avant-garde del grupo, tengan tendencias a cuestionar semejante movida. Pero la realidad que siempre se impone es: cuando una cosa está hecha con talento y buen gusto el estilo o el grado de convencionalidad son anecdóticos; la cosa va a ser buena. Y a pesar de esta evidente estandarización estilística, The Dark Side Of The Moon sigue siendo un LP extraordinario que ofrece canciones de gran potencia, pasajes sonoros sencillos pero completamente gloriosos y música de esplendorosa imaginación. Imaginación señores: no importa todo lo "normal" y "accesible" que sea el álbum, sigue siendo una obra sumamente imaginativa, original, con identidad propia y un sonido que redefinió los patrones del art-rock y el progresivo en general. The Dark Side Of The Moon es para mí la prueba definitiva de que menos es más, y de que se puede lograr el máximo estímulo de seducción con la más franciscana simpleza. Solo hay que ser lo suficientemente GENIO para saber hacerlo. Y Pink Floyd es un grupo de genio, sin dudas.

Ahora bien. He dicho que se trata de un gran álbum y una obra maestra, pero también es necesario desmitificar un poco el asunto. A primera oída es una cosa impresionante. Siempre. Escuchar Dark Side Of The Moon por primera vez en un buen equipo de audio es una experiencia muy especial que pocos álbumes que conozca pueden igualar; casi como tomar una especie de droga o iniciarse en el sexo, Dark Side te deja afectado, cambiado, "flasheado" por decirlo de alguna manera. Ignoro por qué se da esto: quizá la combinación de canciones jazzeras de buen gusto, con la guitarra etérea de Gilmour, las atmósferas melancólicas y los notables efectos se sonido se antoja algo que impacta muchísmo en los sentidos no aguzados. El problema es que luego de sucesivas escuchas este formidable impacto se va desinflando, se va quedando sin gas y aunque el álbum nunca deja de gustarnos (nunca jamás), esa maravillosa sensación inicial de que algo especial está ocurriendo nunca más se recupera. Más allá de todos sus méritos, más allá de sus virtudes y defectos, a la luz de las 700 semanas que el disco permaneció en los rankings y en comparación con otras obras del grupo que no repitieron tal performance, tamaño éxito y semejante status legendario de de Dark Side es incomprensible. Supongo que es uno de esos discos que aparecen en el lugar y el momento justo.

Pero esto es solo un detalle. The Dark Side Of The Moon sigue siendo una obra de calibre poco frecuente, una pieza conceptual impecable que no tiene casi puntos débiles, que nunca aburre, que sintoniza a pleno con los sentidos y que seduce de principio a fin. De pronto, la visión de Waters logra sublimar lo oscuro con lo agradable, lo enfermizo con lo seductor, y saca esta joya de la creatividad humana que suena accesible por un lado, pero fuertemente IMPRESIONANTE y ÚNICA por el otro. Análogamente a la música, las letras de Roger son simples, pero sabias y efectivas. En cada canción, el bajsita va lidiando con todos aquellos elementos que parecen centrales en el desarrollo de nuestras vidas, pero que a la larga hacen que nos volvamos locos, violentos y enfermos. En Breathe creo ver abordado el tema de las obligaciones laborales, las relaciones del trabajo, el esclavismo moderno; en Time es el insoslayable paso del tiempo el que nos va hundiendo implacablemente; en The Great Gig In The Sky aparece el miedo a la muerte como tema central; en Money se ironiza sobre el terrible poder del dinero y el consumismo grosero; en Us And Them aparece el problema de la alteridad, las distinciones a veces caprichosas entre razas y religiones, la necesidad de definir un otro cultural y hacerle la guerra de forma permanente... Por último, el dueto Brain Damage / Eclipse esboza una breve pero magistral sumatoria de la vida toda, y de la irremediable locura que impera en el mundo moderno. El concepto, sencillo y un tanto velado, es de los mejores que se hayan visto en un disco de rock. Es evidente que con Dark Side, accesible o no accesible, el grupo alcanza su madurez artística definitiva.

La introducción es ciertamente para la historia. Un latido de corazón humano y una cascada de efectos de sonido y voces misteriosas establecen de entrada que algo nuevo, muy especial y muy sexy está por comenzar. Es Speak To Me. El sonido va creciendo en tensión y densidad hasta lanzarnos vertiginosamente, con un crescendo brutal y los primeros acordes de Breathe, hacia un viaje sensual incomparable. Breathe es una de las mejores canciones del álbum, una proeza absoluta de melodía y sonido con una hermosa introducción a cargo guitarra líquida de Gilmour, destacado órgano de Wright y emotiva melodía vocal. Está en estas pequeñas cosas la clave secreta de la seducción de este disco. Es un sonido muy particular que Pink Floyd nunca había explorado: tendrás que escucharlo vos mismo, yo no puedo explicar los encantos subrepticios del álbum con palabras.

Lamentablemente el interés que el disco despierta en estos maravillosos tres minutos iniciales decae con la cuestionable On The Run, un pastiche de música electrónica que queda un poco fuera de lugar. Pretende ser una pintura sonora de la esquizofrenia y la paranoia y, si bien ALGO de eso hay, no entrega nada interesante para escuchar; ¿¿¿Quién quiere lidiar con el mismo loop electrónico absurdo y estresante durante cuatro minutos??? Yo no. Lo único que logra Waters con esta cosa es quitarle fluidez al álbum ya que por unos cuantos minutos prácticamente no hay música. Para colmo los relojes chillones que abren Time pueden hacer pensar en un abuso de efectos de sonido (alegato principal de los críticos de este álbum), pero por fortuna la canción es sencillamente EXCELENTE. La progresión, la acumulación de tensión del principio es el ABC del grupo en su máxima expresión; la increíble performance vocal de David, su perfecta guitarra y el ritmo sencillo de Mason se acoplan impecablemente en una pista rítmica fenomenal que quita el aliento y desata nuestras emociones como nunca antes se había visto en Floyd. Los solos en el medio pueden sonar un tanto redundantes estilísticamente, pero el efecto global es sencillamente devastador y la vuelta del final al tema de Breathe es una jugada brillante que nos lleva de nuevo al principio del disco transmitiéndonos una impresionante sensación de unidad y armonía. Claro, el mejor de todos. Para cerrar la primera parte tenemos en The Great Gig In The Sky un excelente tema de Wright donde una ominosa pero bella progresión de acordes es acompañada de forma afortunadísima por la voz sin palabras y desgarradora de Clare Torry (que es una mujer blanca). El instante en el cual la canción se lanza y el primer alarido corta el aire es de antología, me estremece y me pone la piel como una maldita gallina. Después de un rato la cosa se puede poner un tanto repetitiva y obsesiva, por lo cual hace falta estar de humor para disfrutarlo 100%. Solo es cuestión de prestar atención a las imágenes en nuestra cabeza, porque es música para eso, para hacernos imaginar.

El segundo lado abre con uno de los clásicos absolutos de Pink Floyd: Money. Claro, la canción está más quemada que Juana de Arco (perdonen el mal chiste) y por ende está de moda criticarla como una cosa irritante y ordinaria. Y es verdad: como casi toda canción sobreexpuesta uno termina aburriéndose. Pero eso no quiere decir que sea mala; en rigor es un TEMAZO de aquellos. La introducción característica es un golpe maestro de creatividad; con esos fantásticos sonidos de moneditas y cajas registradores a las que se le suma con sorprendente cohesión un inolvidable riff de bajo y un teclado de Wright que directamente HUMEA jazz. Después de eso uno puede argumentar que se vuelve un poco larga y que los solos de guitarra y saxofón cansan un poco, pero escuchada en el contexto indicado no hay forma de equivocarse: es el momento más genuinamente rockero del álbum y si no te excita ese clásico riff descendente que atraviesa el jam, es porque necesitás un transplante neuronal urgente. Us And Them también es un irreprochable; jazzero, tranquilo, suave, aunque debo confesar que este sí se torna un poco plomo con el tiempo, en parte debido a su relativa estaticidad y su saxofón demasiado melifluo. El estribillo, no obstante, es puro éxtasis. Si hay una canción frecuentemente infravalorada aquí, esa es Any Colour You Like. Para mí se trata de uno de los mejores instrumentales del grupo, con muy prominentes líneas de sintetizador y un fantástico sonido de guitarra eléctrica; recuerda un poco al inolvidable jam de Echoes y cualquier cosa que recuerde al jam de Echoes es bienvenido. 

El final de la oscura sinopsis está cerca y la enfermedad ya devora nuestra psiquis. Brain Damage se encarga de ilustrarlo mediante otro clásico total. Su estribillo catárquico y emocional puede sonar deliberadamente comercial pero yo diría que fundamentalmente pega como tiene que pegar, preparando los corazones para el clímax demoledor de Eclipse que pone epílogo al disco de forma apoteósica, transmitiendo una excitación vibrante que pone la piel de gallina a través de una letra simple pero muy emocional que va definiendo con sencillez y maestría todas las simplezas que se entretejen en la vida cotidiana. "Everything under the sun is in tune", canta Roger, y con esa frase siempre tengo la ilusión de que puedo evocar en mi cabeza a TODA la humanidad con sus vericuetos, misterios y complejidades insolubles. Lograr eso requiere una sola cosa muy simple: ser un MALDITO GENIO.

Y así tenemos uno de los dos o tres álbumes más relevantes de todos los tiempos. Como todo álbum endiosado a estos niveles, está sobrevalorado. Musicalmente yo lo encuentro un tanto más superficial y estándar que los siguientes discos de Pink Floyd y por lo tanto siento que el gran impacto inicial que suele generar en el oyente, en mi caso se va diluyendo notablemente con las sucesivas escuchas, a diferencia de lo que me sucede con discos como Animals y Wish You Were Here donde en cada nueva escucha siento una sacudida poderosa que en el Dark Side nunca he vuelto a experimentar. Hoy en día no estoy de humor para escucharlo muy seguido, pero el álbum es innegablemente una obra de arte y los grandes discos como este están destinados a permanecer en el tiempo por y para siempre.

Sección COMENTARIOS DE LECTORES sobre THE DARK SIDE OF THE MOON!


Wish You Were Here - 1975

10-/10

 

"It's alright, we told you what to dream"

1) Shine On You Crazy Diamond (parts I - V); 2) Welcome To The Machine; 3) Have A Cigar; 4) Wish You Were Here; 5) Shine On You Crazy Diamond (parts VI - IX).

mejor canción: Shine on you crazy diamond (parts VI - IX)

Bien, llegó el momento de escribir de una buena vez la revisión definiva de este clásico. La revisión anterior fue de las primeras que hice para el site y la verdad es era demasiado vueltera; no me gustaba, y no entiendo como aguanté tanto tiempo sin eliminarla para siempre de la faz de internet. Entremos por lo directo y obvio: Wish You Were Here es una de las grandes obras maestras del rock progresivo (porque si esto no es rock progresivo, tal género no existe en realidad) y tan solo en este sentido, podría catalogarse como el momento cumbre del grupo. La primera vez que lo escuché (allá por 1998) me aburrí como marmota, pero después le fui tomando la mano y me fui metiendo de cabeza dentro del sonido seductor y único que ofrece. Porque ahí está la clave definitiva para enamorarse del disco: es el momento en el cual Pink Floyd domina definitivamente al SONIDO, lo hace suyo, se funden en una sola cosa. No importan ya la composición, ni la melodía, ni el virtusismo, ni el concepto y me atrevería hasta a decir que ni siquiera la atmósfera. Lo que importa es EL SONIDO. El sonido puro, por el sonido mismo.

Durante cierto tiempo puse en duda mi devoción por este disco, ya que sus detractores (que los hay y muchos), lo han atacado con ciertos argumentos que no parecían del todo descabellados. Lo que se suele decir con respecto a Wish You Were Here es más o menos la misma cosa que se dice de Meddle y, sobre todo, del Dark Side. Algo así: Pink Floyd ha abandonado definitivamente la experimentación y el riesgo. Se han vendido. Se han vuelto unos músicos cómodos, comerciales que dado el éxito masivo del Dark Side Of The Moon se conforman con encender el piloto automático y volar cómodamente por los canales del superestrellato. Lo mismo de siempre; el discurso este nunca se agota, y siempre seguirán escuchándose comparaciones desfavorables, cosas como qué aburrido, predecible y sin vida que suena Wish comparado con The Piper At The Gates Of Down o incluso Atom Heart Mother. Y bueno, es fácil dejarse convencer porque ALGO de razón hay en estas afirmaciones. Claramente, Pink Floyd ya NO ES una banda EXPERIMENTAL; no es vanguardista o rompemoldes como antes. Los sonidos de Wish You Were Here se suceden suaves y agradables, sin limar ni serruchar los cerebros de nadie. Por momentos suena un poco lavadito, como demasiado pulido, como que le falta algo de "punch" (se entiende?). Y eso está bastante claro.

Pero mi conclusión, y la hago corta para no repetir siempre lo mismo, es que no necesito que un disco me rompa todos los esquemas habidos y por haber, o que me ataque con todos los delirios posibles del mundo, para considerarlo digno de un diez. La música de Wish You Were Here ES accesible. A cualquiera le gusta. Pero eso no socava necesariamente sus méritos en otros campos. Además, le pido a cualquiera que nombre un disco de la misma época que suene como éste. ¡No existe tal disco! ¡Es un sonido nuevo y distintivo! Más accesible y cómodo que otras veces, puede ser, pero distintivo. Ni siquiera se parece al Dark Side Of The Moon. ¿Leyeron eso? NI SIQUIERA SE PARECE A DARK SIDE OF THE MOON. ¡Imaginen la presión que había encima! Miren que HAY que encontrar cómo suceder al Dark Side. Ninguna pavada. Cuentan que Syd Barret apareció un día inesperadamente en las sesiones de grabación del disco y que no le gustó lo que escuchaba (¡Y eso que Shine On You Crazy Diamond está dedicada a él!), pero bueno. No me importa la verdad qué opine Syd.

Los méritos que le veo al álbum son varios. Para empezar, creo que se trata de uno de los mejores discos de sintetizador de todos los tiempos. Wright simplemente estaba ENCENDIDO, y atiborra todo de los más hermosos, omnipotentes e intimidantes sonidos de sintetizador que jamás haya escuchado en disco alguno. Tanto si de atmósferas sutiles se trata como de pasajes jazzeros, Richardito destila calidad por doquier. Escuchen, si dudan de mi palabra, el solo final en estéreo de Welcome To The Machine... ¡Esa cosa PINCHA! Es bestial. David Gilmour no se queda atrás y si bien para alcanzar su pico deberá esperar al siguiente álbum, acá también ofrece algunas performances superlativas, sobre todo en sus solos de Shine On You Crazy Diamond, en los cuales extrae algunos de los mejores sonidos de guitarra que mis oídos hayan captado. Las canciones en sí no constituyen el mejor momento compositivo de Pink Floyd: excluyendo, claro está, Shine On, esta vez la cosa se trata más bien de jams instrumentales que de otra cosa. Las melodías en general son pedestres y el concepto ideado por Waters no se translada a la música tan efectivamente. Pero bueno, los jams referidos son EXCEPCIONALES. No hay un solo momento instrumental del disco que me deje indiferente o me haga decir "qué aburrido". Todo está construído a la perfección, sin fisuras, sin costuras, sin cosas molestas interrumpiendo el placer. No es un disco muy violento ni ajustado: la mayoría de los pasajes son muy suaves, muy ambientales y muy dispersos. Aún así, el poder de sonido que descarga sobre el oyente no tiene paralelo. Se puede decir que acá se inaugura ese sonido "New age" o "relajante" con el que tanto se entusiasmaría Gilmour una vez retirado Waters. Claro, en The Division Bell aburre. Pero acá funciona. Funciona porque Pink Floyd simplemente domina el sonido: y basta sentarse, recostarse y escuchar las cascadas, murallas, lagos, bahías, palacios de sonido que emergen de la guitarra de David y el teclado de Wright para caer en irremediablemente bajo la seducción y el hechizo.

Más que ningún otro disco de Floyd, Wish You Were Here se va armando muy de a poco. Lo primero que se escucha es una uniforme masa de cuerdas sintetizadas sobre las que Gilmour desliza unas notas bien simples y líquidas con su guitarra. Es atmósfera relajante en estado puro: ¿Dónde quedaron los rugidos trasnochados de The Piper? EH!? Buenoooo, tranquilos, porque esto es solo el comienzo de una de las suites DEFINITIVAS del rock progresivo: Shine On You Crazy Diamond. No se parece en nada a las suites progresivas promedio: mientras Yes y Genesis lanzarían al oyente todo tipo de monstruosidades sonoras, Floyd solo te hace fluir a través de secciones MUY simples pero MUY bien articuladas. Escuchen sino como el tema levanta pólvora: De pronto Gilmour nos regala un SUBLIME riff de cuatro notas que suenan como la misisíma puta madre. En esas cuatro notas hay más GENIO que en todas las 40542329879 notas que tocó Ingwie Malmsteen en su vida. La tensión es terrible, sofocante, entonces la batería de Mason hace su entrada con creciente volumen para catapultarnos, en un efecto que llamaría de "eyaculación musical", hacia una inmensa catarata de música, una fiesta para el oído. Pero ¿Para qué seguir describiendo lo indescriptible? Cada una de las partes es increíble, Gilmour simplemente la descose, y el saxofón de Dick Parry al final es a mi juicio una de las mejores apariciones de este instrumento en un álbum de rock. Suena bastante raspado y enfermo para lo que venía siendo todo.

En seguida viene Welcome To The Machine y el concepto del disco hace un giro extraño. Shine On era un homenaje a Syd Barret, pero a partir de Machine, Roger Waters se pone a criticar ferozmente a la industria discográfica. La letra, básicamente, trata a los empresarios disqueros de manipuladores enfermizos, controladores bastardos y codiciosos insaciables. Me pregunto qué empresario autocrítico permitió la publicación de este disco, de paso. Está muy bien, pero en general prefiero tomar la idea de la canción como una referencia al sistema capitalista y la sociedad moderna; sobre todo desde que se encontró escrito "Welcome to the machine" en el pupitre de un chico que mató a tiros a tres compañeros en plena clase. Sí, acá en Argentina. ¿La canción preguntaban? Es buena, pero no DEMASIADO buena. Estamos ante un tema de difícil digestión que incluso a mucha gente le disgusta, quizá por la rabiosa entonación de Waters y la obtusa melodía vocal. La verdad, a mí poco me importa todo esto cuando Wright solo hace MARAVILLAS con sus teclados; las partes instrumentales de Welcome son las que en definitiva la hacen digna del resto del disco, por favor escuchen el final que mencionaba al principio. Para cerrar los ojos y volar. Es curioso notar que la canción no tiene batería, aparte de unos platillos y golpeteos ocasionales, pero el ensemble es tan bestial que el conjunto musical es desbordante en ritmo, fuerza y melodía, un poco sobreproducido, pero funciona. Have a Cigar es estilística y conceptualmente similar; pero esta vez hay un soberano riff funky de guitarras eléctricas que le da al tema la forma de un groove superpotente que machaca y machaca de forma muy excitante. Otra vez, las melodías de sintetizador de Richard hacen al tema. El cantante de Have A Cigar es Roy Harper, invitado porque a Waters no le gustaba como él mismo la cantaba. Pero ya todo el mundo sabe eso.

Y entonces aparece esa cosa comercial para chicas masca-chicles bajo la forma de pista titular. Jajaja. ¿A quién engaño? Wish You Were Here es uno de los temas mas conocidos, hermosos e inmortales de Pink Floyd. Para los estándares del grupo suena más convencional y liviana que nunca pero ¿Quién no se emociona cuando vuelve escuchar el impecable y sencillo solo acústico de Gilmour al principio? ¿O cuando cantan ese estribillo apasionado de "How I wish, how I wish you were here" ¿QUIEN NO SE EMOCIONA? Algún idiota fanántico del hip hop supongo. Es verdad que las FM's prácticamente se han SUICIDADO pasando esta canción. Pero estas cosas pasan, y las FM's a veces pasan buenas canciones también.